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jueves, 3 de mayo de 2012

CIERTOS COMIENZOS...

Quien más y quien menos ha oído la expresión "quorum"; que si hay quorum o que si no lo hay o que si lo debería haber. Pero, ¿qué demonios quiere decir eso de "quorum"?. Pues bien, la palabra en sí se podría traducir literalmente como "de quienes" o "de los cuales" (que es lo mismo), lo cual no parece que tenga mucho sentido; sin embargo, esta palabra sólo es el comienzo de la frase latina "quorum praesentia sufficit" o, lo que es igual, "la presencia de los cuales es suficiente", que quiere decir que el número de miembros en una asamblea, reunión o similar es suficiente para validar un acuerdo. 
Y es que a veces nos conformamos con iniciar una frase y dejarla así, medio muerta, por el tanto uso que le damos, a tal punto que ya los demás no necesitan oír el resto. Por ejemplo, cuando dos personas (o más) se despiden, es bastante probable que al menos alguna de ellas diga aquello de "adiós"; no obstante, ¿sabrá esa persona lo que está diciendo? ¿qué es "adiós"? La expresión es, como en el caso del latinajo, el comienzo de una frase ya muy antigua, como es de suponer, que al completo sería algo así: "A Dios te encomiendo". ¿Para los no creyentes tendrá el mismo sentido que para los creyentes? Pues sí, porque la frase ha perdido todo contexto religioso.
Por cierto, hablando de este tipo de comienzos, se me viene a la memoria el nombre de los notas musicales en el mundo anglosajón. Recordemos: las notas musicales que todos conocemos son "Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si". Sin embargo, muchos han reparado en que se les llama de forma diferente, con una simple letra; así que tendríamos: "A, B, C, D, E, F, G". ¿Qué narices son estas letras y qué tienen que ver con el nombre de las notas musicales? La verdad es que los anglosajones les pusieron, como se puede apreciar, el orden de las letras del abecedario sin más; nosotros, en cambio, recurrimos a un poema, del inicio de cuyos primeros versos tomamos el nombre de las notas: "ut queant laxi / Resonare fibris / Mira gestorum / Famuli tuorum / Solve polluti / Labii reatum / Sancte Ioannes" (para que tus siervos puedan exaltar a plenos pulmones las maravillas de tus milagros, disuelve los pecados de labios impuros, san Juan). ¿Y Do? ¿Y qué es Ut? En realidad, "Ut" se cambió por "Do" en el siglo XVIII, tras ocho siglos desde que Guido de Arezzo innovara este método de llamar a las notas. Por cierto, "A" equivale a "La", ¿por qué, entonces, no se comienzan a enumerar las notas con La? 

martes, 17 de enero de 2012

ASÍ COMIENZA UNA GRAN NOVELA


    Pocos minutos antes de las campanadas de la Nochevieja, con las que se despide un año y se da la bienvenida al siguiente, una euforia inusual había invadido, como por ensalmo, las arrugas amodorradas de mi cerebro, pensando que con la llegada del año nuevo podría recobrar antiguos bríos, ya embebecidos en el agua del Estigia. Sin embargo, apenas una hora más tarde la cruel realidad me había devuelto al mundo insufrible, en el que los últimos tiempos (casi dos lustros han transcurrido)  he arrastrado mis pies. Aún más, hoy he regresado al abismo de las tinieblas, que tan bien conozco por haberlas visitado con relativa frecuencia desde la temprana edad de los trece años, número de mal augurio para algunos. Ahora, no obstante, tal vez me halle más perdido que nunca, dejando abandonados y a medio realizar los proyectos que en un tiempo fueron planeados en la inconstante imaginación, entre ellos el de recuperar la ilusión navideña, cuando esas fechas alcanzan el calendario y que hace una década extravié en alguna parte de mi vida.

        En un tiempo lejano creí que a falta de una compañera, si me atiborraba de películas, libros, discos, juegos y otros entretenimientos, quizás se me pasaran las horas, si no feliz, al menos entretenido; me equivoqué: cada día transcurrido crece en mí el vacío y me desespero imaginando que jamás mis caricias rozarán el cuerpo no ya desnudo, ni siquiera vestido de una esposa; o que no habrá unos labios sobre los que depositar un beso desde los míos; o que no recibiré en un abrazo, en un regazo la cabeza somnolienta de una amante; o que nunca acunaré, agasajaré, me ilusionaré con la presencia de una pequeña descendiente. ¿De qué sirven tantos trastos inútiles que no me han de devolver la mirada? Estirar una mirada y que nadie la devuelva, eso es la soledad. Nadie habrá que se haga uno conmigo mientras contemplamos un film en el cine o compartimos una cena en un restaurante, ni entrelazaremos nuestras manos al pasear a lo largo de una calle larga y sinuosa. Ya nada me queda de entonces para acá, sino verter mis frustraciones en estos legajos para que alguien ¿quién sabe cuándo? pueda leerlo en su intimidad y recordar que una vez he existido, pues no es la muerte pronta e ineludible lo que temo, sino el polvo del olvido.
        

lunes, 19 de diciembre de 2011

SANTA CLAUS O SAN NICOLÁS


Se aproximan las fiestas navideñas y muchos niños, sobre todo en Estados Unidos y Canadá, aguardan con impaciencia la víspera del día de Navidad; esto es, lo que en España conocemos como Nochebuena. ¿Por qué esa impaciencia? Porque esa noche llega Santa Claus repartiendo regalos a diestro y siniestro, cuya fama se extiende por todas partes. Así, al alba del día siguiente los niños, y los no tan niños, se levantan raudos y se van hacia el árbol navideño para abrir los regalos que allí estarán depositados.

           
     Sin embargo, no en todas partes Santa Claus es ese obeso y “tontorruno” bonachón, adorado por niños y grandes. Por ejemplo, en Suiza, sin ir más lejos, la tradición lo describe de forma diferente. Veamos las diferencias: en Estados Unidos Santa Claus llega la noche del 24 de diciembre montado en un trineo tirado por renos, mientras que en Suiza lo hace el día 6 del mismo mes con un burro cargado con los regalos; en Estados Unidos Santa Claus se cuela por la chimenea para entrar en las casas, en tanto que en Suiza llama al timbre de la puerta y los padres le franquean la entrada; en Estados Unidos Santa Claus reparte regalos y se va, pero en Suiza sólo reparte frutas y chocolate y, si el niño se ha portado mal, lo mete en el saco y se lo lleva consigo (como el “coco” en España, de ahí que se le tema); en Estados Unidos se cree que Santa Claus vive en el Polo Norte, mientras que en Suiza se cree que vive en el bosque. Además de todo esto, mientras que el Santa Claus de Estados Unidos dispones de todo un ejército de elfos para construir los juguetes, además de su amante esposa Mamá Claus, el Santa de Suiza vive solo en el bosque, con su burro, dedicándose a recolectar los frutos que éste proporciona. ¿Cómo, entonces, llegan los regalos navideños a los niños suizos? Según la tradición, es un ángel el encargado de la tarea el día de Navidad y, otro punto discordante, los regalos se hacen a los niños y adolescentes, pues, una vez entrado en la veintena de años, no se suele recibir regalo alguno.
      
          En cuanto al origen del mito Santa Claus, ya es de todos conocido, así que con un breve resumen será suficiente para refrescar la memoria. Se dice que en el siglo IV vivió un tal Nicolás de Bari, de origen turco, que llegó a ser ordenado sacerdote. Ya en su tiempo fue famoso no sólo por sus bondades, sino también por obrar algunos milagros, lo cual le llevó a ser santificado. La figura pasó poco a poco a convertirse en San Nicolás (Sant Niklaus), cuya tradición llevaron los europeos a América. Por cierto, el dicho de que fue la Coca-Cola quien lo vistió de rojo para promocionar su bebida, también de este color, no es del todo correcto; de hecho, ya aparecía vestido con los colores rojo y blanco en publicaciones anteriores a la empresa; lo que sí es cierto, es que los anuncios con Coca-Cola ayudaron en gran manera a que se expandiera esta figura.
        
        ¿Cómo relacionar a Santa Claus con los regalos de la Navidad? Pues bien, en la antigua Roma existían una fiestas a mitad de diciembre, dedicadas a su dios Saturno, durante las cuales los niños recibían regalos de los adultos. Esta se extendió a todo el imperio y con el tiempo surgieron diversos personajes míticos que realizaban estos trabajos, como la famosa hada italiana Befana. Más tarde en algunos lugares estos personajes fueron reemplazados por la figura de Nicolás. Cuando los holandeses fundaron lo que es actualmente Nueva York, llevaron consigo este mito, a quien ellos llamaban Sinterklaas. En el siglo XIX fue descrito en un poema de Clement Clark Moore como un duende enano y delgado que repartía juguetes a los niños, ayudado por un trineo tirado por nueve renos; pero, poco después el dibujante alemán Thomas Nast lo representó en sus viñetas como un gordo barbudo y bonachón. A finales de este siglo la Lomen Company estadounidense predicaba en un anuncio que Santa Claus vivía en el Polo Norte.
       
         En fin, sea como fuere, Santa Claus o Reyes Magos, lo importante es que haya una FELIZ NAVIDAD para todos.
Otras historias y curiosidades

jueves, 15 de diciembre de 2011

¿Existe realmente la solidaridad desinteresada?


Hace poco he estado escuchando el discurso que Kathleen Blanco, gobernadora de Luisiana en Estados Unidos, pronunció a raíz del desastre causado por el huracán Katerina. En él exaltaba la ayuda desinteresada de policías, bomberos, militares, ciudadanos... incluso políticos. Esto me recordó otra historia parecida en otro lugar y en otro tiempo. Era una pequeña ciudad, cuyos habitantes estaban pasando serios apuros económicos, la cual sufrió una terrible catástrofe que dejó sin hogar a cientos de personas, destruyó muchos de los pocos medios de vida que los habitantes poseían, además de quitar la vida a varias decenas. No tardaron en llegar los primeros suministros de parte de otras ciudades más pudientes, así como las condolencias de diversas autoridades. Días después, también se escuchó un discurso conmovedor del político de turno. En dicho discurso, el orador remarcaba la ayuda desinteresada de los ciudadanos, agradeciendo los esfuerzos de todos, citando a ministros, empresarios, oficiales militares, autoridades religiosas… En fin, todos a una y la humanidad hermanada ante los desastres. Pero todo esto escondía la verdad, como supongo la escondía en el caso de Luisiana. Veámosla.
                El desastre se originó por un incendio que se propagó a una velocidad inusitada. ¿Por qué? El incendio fue causado por una empresa que estaba quemando arbustos y arboledas para realizar una carretera, que permitiese el acceso a una importante yacimiento de minerales; las llamas no tuvieron oponente, pues la ciudad no contaba con la más mínima red de protección, porque el dinero destinado a ella se lo habían embolsado entre políticos, empresario y militares (digamos que la ciudad no contaba con servicio de bomberos o similares, que las casas estaban construidas con materiales defectuosos y, algunos, altamente peligrosos y contaminantes…). La evacuación de la población civil no pudo realizarse con celeridad debido a que la única carretera de salida se encontraba en tan malas condiciones, que apenas un vehículo podía circular (los habitantes habían reclamado repetidas veces el arreglo de dicha carretera, así como la construcción de otras nuevas, a lo que el gobierno se negó por considerar la zona como no próspera y adecuada para el progreso del país). Después del desastre, las ayudas necesarias no llegaron a tiempo (todas fueron retenidas, incluso las ayudas internacionales, para comprobar lo que había y, así, poder repartirlas de un modo más equitativo [hay que decir que al final, muy al final, sólo llegó una quinta parte de dichos recursos]). Lo que sí llegó a la ciudad, apenas se extendió la noticia por todas partes, fueron las promesas, las buenas palabras, los ofrecimientos, las congratulaciones, etc; pero no llegaron las medicinas, los alimentos, el agua potable, las tiendas de campaña… Eso sí, en el discurso arriba pronunciado se juraba rehabilitar las casas, realojar a los habitantes, renovar la industria… Los ciudadanos aportaron dinero, ropa, comida; los militares, disciplina; los políticos, nada; y los empresarios… cobraron, en connivencia con el gobierno, altos precios y elevadísimos préstamos por rehabilitar los edificios, construir una nueva carretera… Por ejemplo, muchos ciudadanos damnificados fueron alojados momentáneamente en algunos hoteles de ciudades próximas, lo que se agradeció profundamente en el discurso; lo que no se dijo, fue que los hoteles cobraron las estancias a los ciudadanos que podían pagar y, los menos pudientes, acudieron al gobierno, que les prestó el dinero para pagar las habitaciones ( digo prestar y no donar).
                Todo esto nos lleva a pensar la fuerza de las palabras, pues con unas palabras bien escogidas y una buena oratoria, se puede engañar a toda una nación, cuando no a todo un planeta. Algo parecido ocurrió hace más de dos mil años en Roma. Cuando el famoso incendio en época de Nerón destruyó gran parte de la ciudad, no sólo los historiadores de entonces, sino otros muchos hasta hoy en día, acusaron al emperador de ello, como por ejemplo en las películas y series de televisión y novelas. Sin embargo, Nerón ni siquiera estaba en la ciudad y, tan pronto como se enteró, regresó a la ciudad e incluso abrió su palacio para atender a los damnificados. Lo que ocurrió en realidad, es que un fuego fortuito (como era habitual) en una vivienda, se extendió rápidamente y no se pudo sofocar a tiempo. Sólo eso, nada más. Pero, claro, la persecución posterior a los cristianos (que en aquel entonces eran más bien judíos) y los gobernadores siguientes cargaron a Nerón con toda la culpa. 
Otras historias y curiosidades

martes, 6 de diciembre de 2011

NIEVE


Por estas fechas ya es habitual que en ciertas partes de España haya aparecido la nieve, sobre todo en las altas cumbres. Sin embargo, durante los últimos años, salvo excepciones, este elemento se deja de rogar más de lo que antaño era usual; esto es, que nieve menos veces y en menor cantidad, según la región. Por ejemplo, en la norteña Asturias los inviernos, ya de siempre suaves, se van tornando menos blancuzcos. Hace tan sólo una cincuentena se venía cumpliendo aquello de que cada invierno traía siete nevadas, de donde surgieron refranes tales como “por Todos los Santos (1 de noviembre), nieve en los cantos” o “por San Andrés (30 de noviembre), nieve en los pies”, lo cual viene a significar las dos primeras nevadas. Pues bien, aunque hay zonas en la península que todavía siguen fieles a dichos refranes, en la Asturias antes mencionada en vez de nieve lo que se tiene es agua de lluvia y, normalmente, un pequeño rocío de nieve como residuo de lo que fue otrora. Da la impresión de que los inviernos se invierten y comienzan a asentarse en aquellos parajes, en los que la nieve se veía con menos asiduidad que en el presente o, al menos, en mayor cantidad.

Ya sabemos que “Año de nieves, año de bienes”. La nieve es, al fin y al cabo, agua helada; sin embargo, porta menos cantidad que el agua líquida (aproximadamente setenta centímetros cuadrados de nieve equivale a dos centímetros agua), lo que puede llevarnos a pensar que para la tierra sería mejor la lluvia. Ésta, la lluvia, cae al suelo y es absorbida por él en la cantidad que pueda absorber, impidiendo que el resto penetre en él; así pues, al cabo de poco tiempo, si no llueve, la tierra va consumiendo el agua acumulada en su interior hasta que la falta de lluvia va resecando el terreno, lo cual conlleva falta de productividad (terrenos baldíos, si no fuera por la mano del hombre). La nieve, en cambio, se acumulada sobre la superficie durante largos períodos de tiempo, derritiéndose lentamente hasta que llega el calor primaveral y, más tarde, la cercanía del verano, el cual proceso sirve de abastecimiento a la tierra, proporcionando agua, humedad y frescor, alimentando fuentes y manantiales que, a su vez, alimentan los arroyos y torrentes que, por su parte, alimentan los ríos.

Tal vez lo más curioso de la formación de los copos sea el motivo por el cual surgen. Normalmente sucede en torno a partículas de polvo, alrededor de las cuales el agua se va congelando hasta formar diminutos cristales que toman forma de diminutas estacas (si la temperatura se sitúa alrededor de los cinco grados Celsius [o centígrados] bajo cero) o de diminutos platitos (si la temperatura ronda los quince grados Celsius [o centígrados] bajo cero). Al final, estos cristales se unen entre sí para formar los copos. Es curioso el hecho de que a medida que los copos se van acumulando sobre la superficie, las ondas sonoras que se reflejan en la nieve caída, son absorbidas por la nieve, así que cuanta más nieve vaya cayendo, menos ondas sonoras se escapan de ella; en cambio, en cuanto dicha nieve se compacta con el tiempo, las ondas sonoras son reflejadas por ella y apenas las absorbe. 

Para terminar, no se puede obviar los trastornos que provoca en todo ser viviente. Aunque es obvio el beneficio que acarrea al limpiar la atmósfera y al mantener a rayo a los parásitos que dañan las plantas y los animales, no es menos obvio que su aparición en exceso provoca incluso la muerte. Así, los animales ven mermada la fuente de su alimento (algunos aprovechan para hibernar y otros emigran momentáneamente a otros parajes). Al hombre le acarrea no menos problemas; a la nieve se deben muertes por congelación (sobre todo en los "sin techo") o por fallos cardíacos (debidos al esfuerzo de remover la nieve acumulada) o por accidentes (principalmente de tráfico); así mismo, las nevadas causan otros inconvenientes en la vida diaria (cancelaciones de vuelos, carreteras cortadas, riadas en el deshielo, cortes en el suministro de energía, etc). Claro está, a pesar de todo, bienvenida sea.  

martes, 22 de noviembre de 2011

EN LAS ENTRAÑAS DEL TÁRTARO


Existe un infierno dentro del infierno, cuyo nombre intentan evitar hasta los propios habitantes del averno: Tártaro. Este maldito lugar está poblado por los más infelices de los infelices, pues están condenados a pasar la eternidad bajo la penitencia más inhumana que un ser haya podido urdir; son los llamados réprobos, de entre los cuales quisiera destacar a tres de ellos. Antes, no obstante, he de advertir que estas historias provienen del imaginario grecolatino, donde el mundo del más allá se mezcla con el mundo del más acá.

Comencemos, pues, con Ixión. Éste, que era hijo de un rey, se encaprichó de una tal Clía, con la cual quiso desposarse ante la oposición del padre de ésta. Para conseguir doblegar a su futuro suegro, Ixión acudió, como suele suceder, al soborno, prometiéndole riquezas incalculables; ante tal perspectiva, obviamente el padre aceptó el trato. Pero Ixión, después del bodorrio, se negó a regalar nada a nadie y su suegro, como venganza, no se le ocurrió otra cosa que robarle un caballo; eso sí, el mejor caballo que tenía Ixión. Como venganza por el robo del equino, Ixión le tendió una trampa: fingió no darle importancia al asunto y para zanjar sus diferencias le invitó a cenar; pero, cuando su suegro acudía al festín, cayó en un hoyo lleno de fuego. Por supuesto, del pobre hombre no quedaron ni sus cenizas. A pesar de su condición de príncipe, Ixión tuvo que huir del reino ante las represalias (al fin y al cabo, su suegro era un eminente ricachón con influencia en el gobierno). Ixión, tras alguna que otra peripecia, se vio obligado a pedir ayuda al propio Zeus (el mandamás de los dioses), quien tuvo a bien darle una segunda oportunidad, quién sabe por qué, trasladándolo al cielo e invitándolo a comer con ellos. Pero a Ixión, que no debía de ser una lumbrera, no se le ocurrió otra cosa que intentar seducir a Hera (hermana y esposa de Zeus), la cual se lo tomó peor de lo que el príncipe pensaba y se fue con el cuento a Zeus y éste, finalmente y sin más, le arrojó al Tártaro; luego, conminó a Hermes, un dios de su confianza además de hijo, que le atase a una rueda que no cesara de rodar.
El segundo de los réprobos, a los que voy a mencionar, se llama Sísifo, tal vez el más afamado de todos ellos. Sísifo fue rey de Corinto y si se distinguió por algo fue por sus correrías, por sus robos más o menos encubiertos o descubiertos, por sus arterías y bribonadas; en fin, un dechado de virtudes. Pero la aventura que le condenó fue la última. Estaba casado con Anticlea (que, una vez viuda, se casaría con Laertes y juntos tendrían un hijo llamado Ulises, conocido por todos). Pues bien, cuando a Sísifo le llegó la hora de morir, pidió a su esposa que no lo enterrara y, llegado el momento, la esposa cumplió el deseo de su marido. De este modo, el alma de Sísifo llegó ante la presencia de Hades (el dios que mandaba en el Más Allá) y se quejó ante él de que su mujer no quería enterrar el cuerpo, así que le pidió permiso para volver al mundo de los vivos para castigarla y, una vez hecho esto, regresar al mundo de los muertos. Hades aceptó. Sísifo retornó a la vida, pero ni castigó a su mujer ni regresó con las almas en pena. Así pues, en vista de lo visto, Hades llamó a Hermes (que servía para todo) y le pidió que trajera de vuelta a Sísifo, lo cual realizó en un santiamén; luego Hades le condenó al Tártaro con un castigo ejemplar: tenía que poner sobre sus hombros una enorme roca, la cual tenía que llevar a la cima de un monte, pero cada vez que estaba a punto de culminar la escalada, la roca se le caía y Sísifo tenía que volver a empezar la tarea eternamente.
El tercero de los réprobos aquí mencionados es Tántalo, mi favorito. Tántalo nació con estrella; esto es, todo le salía de cara y, si algo se torcía, allí estaban los dioses para enderezarlo, porque Tántalo era el único ser humano que tenía su confianza y amistad, de lo cual Tántalo presumía ante todo el mundo, claro está. Fue rey de Lidia y padre, entre otros hijos, de Níobe (cuya historia mueve a compasión). A pesar de todo lo bien que le trataba la vida, Tántalo era un déspota, un malvado en todos los sentidos (lo cual no explica el comportamiento amical de los dioses). Su maldad le llevó a maquinar una trampa a los dioses. Como era común que él fuera al Olimpo (morada divina) a comer con ellos o que ellos comieran en el palacio del rey lidio, en cierta ocasión Tántalo los invitó a una cena que prometió sería muy especial. En efecto, llegado el momento, este rey perverso quiso conocer hasta qué grado la omnisciencia de los dioses era verdad, así que mató a su propio hijo recién nacido (Pélope), lo descuartizó y lo sirvió a la mesa como un manjar exquisito. Por supuesto, todos los dioses conocieron el origen de la carne y nadie comió, a excepción Cibeles, que estaba distraída y dio un bocado a la carne. Zeus se enfureció y arrojó a Tántato al Tártaro (después le devolvieron la vida al bebé, excepto el trozo que se había zampado Cibeles, que era un hombro, poniendo un trozo de marfil en su lugar). Tántalo fue condenado a estar atado bajo un árbol, cuyos frutos se inclinaban hacia él, pero cuya boca nunca los alcanzaba, al igual que el agua de un río le llegaba a la barbilla y volvía a bajar para que el condenado no pudiese beber.
Otros condenados famosos del Tártaro son Titio (cuyo pecho era roído por un buitre) y las hermanas Danaides (que intentaban llenar de agua un tonel sin fondo).
Otras historias y curiosidades

viernes, 14 de octubre de 2011

LA MÚSICA CLÁSICA


Hace un tiempo un conocido mío me espetó aquello de que cómo me podía gustar la música clásica. Por mi parte, me encogí de hombros, porque no era el momento de ponerme a explicarle por qué me gustaba esto y no lo otro. La gente tiende a considerar la música clásica como un todo sin pararse a averiguar qué es en realidad. Ésta, como todo en la vida, no es ni blanco ni negro, sino gris con muchos matices. Digamos que la música clásica es tan variada como la música no clásica. Si yo preguntase a alguien si le gusta la música no clásica, ¿qué me diría? “Bueno, depende, ¿te refieres al pop, al heavy, al folk, a la salsa, al tango, a una sardana, una sevillana o una muñeira…?”. Pues en la música clásica ocurre tres cuartas partes de lo mismo. Además, quien más o quien menos la escucha casi todos los días, aunque no se de cuenta de ello, porque sirve de sintonía a programas de televisión o de radio, a anuncios propagandísticos, en películas, documentales y series de televisión, incluso intérpretes del popo, del heavy, del folk se sirven de ella; en realidad, estamos invadidos por la música clásica, aunque no lo sepamos. ¿Si me gusta la música clásica? Pues, mire usted, depende; ¿se refiere a la barroca, a la romántica o a la dodecafónica; tal vez al oratorio, a la sonata, a la ópera, a la sinfónica; o querrá decir pianística, violinística, orquestal, liderística…? Y así sucesivamente.
Pasa lo mismo que con los compositores. Hay tantos y de tanta variedad que unos gustan y otros no. Es como si a un lector de literatura le preguntáramos si lo gustan todos los escritores; seguramente respondería que algunos, pero no todos, hasta es posible que haya algunos que ni los traga. ¿Y si le preguntamos a un aficionado al fútbol? ¿Le gustarán todos los partidos y todos los equipos? Pues, mire usted, le gustarán los partidos buenos o los más emocionantes y los equipos que juegan bien o, sobre todo, si son sus favoritos. Y en la música clásica ocurre los mismo. En general, a los que les gusta un estilo de música no les va otro, aunque por aquello del qué dirán ellos digan que les gusta todo. A mí, por ejemplo, no me gusta Wagner, pero me chifla Beethoven. En cuanto a Mozart, sólo lo que compuso en los últimos cinco años de vida, todo lo anterior es perfectamente olvidable.
¿Cómo puede nadie decir que no le gusta la música clásica sin siquiera haberlo escuchado? Ya digo que todos tienden a englobarla en un mismo cajón, cuando es tan variada y rica como hasta el momento no hay otro tipo de música. ¿Recuerdan ustedes el anuncio de “miel de la Granja San Francisco”? La música era de Boccherini. ¿Vieron la película “Master and Comander”? La música también era de Boccherini. ¿”2001, una odisea en el espacio”?, música de Strauss. ¿La naranja mecánica”?, Haendel, Beethoven y otros. Ese famoso vals que suelen bailar los novios recién casados es el vals “El bello Danubio Azul” de Strauss, y cuando la novia se acerca al altar suena la Marcha Nupcial de Mendelssohn; y, si oímos la Marcha Fúnebre acompañando al féretro, estaremos escuchando a Chopin. ¿Recuerdan ustedes cuando Televisión Española conectaba con Eurovisión y sonaba música de trompeta?, pues era de Charpentier. En fin, para botón, una muestra, o como se diga, así que podéis reflexionar sobre:
El  Canon, de Pachelbel; El Aleluya (de El Mesías), de Haendel; el Himno a la Alegría (de la Novena Sinfonía), de Beethoven; La Cabalgata de las Walkyrias (de Las Walkyrias), de Wagner; La Balada de Mackie el Navaja (de La Ópera de los Tres Peniques), de Weill; El Allegro (de La Primavera-Las Cuatro Estaciones), de Vivaldi; La Fantasía sobre Greensleeves, de Vaughan-Williams; La Obertura (de Guillermo Tell), de Rossini; el Can-can (de La Gaité Parisienne), de Offenbach; La Máquina de Escribir, de Anderson; La Danza Ritual del Fuego (de El Amor Brujo), de Falla; El Aprendiz de Brujo, de Dukas…. y un largo, larguísimo etcétera.
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