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martes, 3 de octubre de 2017

La explicación de los colores

Olvidémonos de todo lo que creíamos saber sobre los colores. ¿Por qué no vemos en la oscuridad? Porque no hay luz. ¿Y qué tiene que ver la luz con lo que nos rodea? La luz tropieza con la materia y rebota; de esa forma llega a nuestros ojos. A decir verdad, lo que nuestros ojos ven es el reflejo de la luz sobre los objetos. Ahora bien, ¿qué es la luz? Digamos que la luz está formada por una cantidad ingente de partículas muy diminutas, como si fueran nano-partículas, que se arriman entre sí hasta quedar bien compactadas, de modo que todas juntas forman una masa blanca. Claro que no todas las partículas tienen el mismo tamaño; desde las muy grandes van a las muy pequeñas, y cada cual busca las que tienen el mismo tamaño y se unen formando una especie de paquetitos, de modo estos paquetitos se quedan muy pegaditos entre sí. Pero, cuando la luz se mueve, tropieza con las cosas que encuentra en su camino; ¿qué ocurre entonces? Hay que tener en cuenta que todas las cosas tienen unos poros, una especie de agujeritos que en un objeto son grandes, en otro son pequeños, en otro son medianos, en otro son de varios tamaños, etc.
Pongamos que un haz de luz blanca, con sus paquetitos de varios tamaños, choca contra la hoja de un árbol. Los paquetes más pequeños se cuelan por los agujeritos de la hoja y desaparecen dentro, como si la hoja se los comiera; pero, los paquetitos de la luz que son demasiado grandes para ser engullidos por los agujeros, rebotan en la superficie y salen despedidos al exterior. Estos paquetes son los que nuestros ojos ven, pues los otros han desaparecido en la panza de la hoja. Según las combinaciones de tamaño de los paquetitos rebotadas, la luz deja de ser blanca y adquiere diferentes tonalidades; así, los paquetitos que rebotaron en la hoja del árbol forman el color verde, por el cual motivo, podríamos decir que en realidad la hoja no es verde, sino que posee todos los colores (los que ha engullido) menos el verde. Pongamos que el objeto contra el que choca el haz de luz tiene los agujeritos demasiado pequeños o, incluso, supongamos que no los tiene; en este caso, todo el haz de luz rebotaría sobre ese objeto y el color blanco permanecería inalterado (como ocurre cuando se refleja en la nieve).  Por el contrario, si el objeto tiene los agujeros demasiado grandes, entonces se tragaría por ellos a todos los paquetitos y no quedaría ninguno que rebotase, de modo que no podríamos ver nada, así que todo quedaría a oscuras, en negro.
Ahora vamos a realizar otro experimento. Vamos a coger una barrita hecha de cera (como la que se usa para pintar). Esta barrita absorbe por sus agujeritos todos los paquetitos, a excepción de unos pocos, que, combinados entre sí, dan un color amarillento. A continuación cogemos otra barrita, esta vez el color que no absorbe es el rojo. Lo que haremos ahora será desmenuzar parte de las dos barritas, de modo que entremezclamos polvos amarillos con polvos rojos. Como los polvos amarillos tienen unos agujeritos de cierto tamaño, y los polvos rojos tienen agujeritos de un tamaño distinto, al unirlos obtendremos una pasta con dos tamaños diferentes. En este caso, cuando el haz de luz incide en esta nueva pasta, los paquetitos que se cuelan por los agujeros son de tamaño distinto al de las barritas por separado, de modo que ahora rebotan otros tamaños que, unidos entre sí, forman un color verde. Teniendo esto en cuenta, si mezclamos todas las barritas de todos los colores, como cada barrita tiene un tamaño distinto de agujeritos, si sumamos todos los tamaños posibles, la pasta resultante se tragará toda la luz, por lo que no rebotará ningún paquetito, así que no veremos nada (todo oscuro, el negro).

En resumen. en el ejemplo anterior podríamos decir que si no vemos colores, sólo el negro, será que no hay colores; ahora bien, también podríamos decir que la pasta absorbió todos los colores y por eso se ve el negro. Todo depende desde el punto de vista con el que lo mires.

domingo, 2 de julio de 2017

Día de clase... día de buylling

Hola, mamá. Si te escribo estas letras no es para culparte de lo que ocurrió, sino para decirte que nada tengo que reprocharte. Lo que hiciste, lo hiciste porque era lo que creías que debías hacer, nada más. Sé que me has querido siempre, lo dejaste bien claro cada vez que me repetías aquello de que me habías llevado dentro nueve meses y que me habías parido y que por eso era como si te perteneciera. Al principio, cuando te lo oí la primera vez, pensé que te pertenecía como un vestido o una mesa o un reloj; pero, con el tiempo comprendí que te pertenecía no como una posesión, sino como parte de ti, como otro “yo” que se había desgajado de tu propio ser. Por eso sé que me has querido siempre y nunca dejarás de hacerlo, y por eso mismo comprendo lo que hiciste aquel día, cuando yo me negaba a ir al instituto ¿te acuerdas?

Yo pataleaba en casa y gritaba desesperado que no volver, que prefería quedarme en casa o ir con papá al trabajo. En cambio tú insistías en que nada de provecho iba a sacar en casa, que mi deber era aprender, ése era mi trabajo, no con papá. Al principio estabas muy calmada, sin dar mayor importancia a mi rabieta. Fue más tarde, cuando se acercaba la hora, que perdiste la paciencia y me agarraste del brazo y me sacaste a la calle a empujones. Yo te suplicaba que no me obligases con la voz rota no sé si de tanto implorar o de impotencia. Me llevabas por la acera y de vez en cuando se cruzaba con nosotros algún transeúnte que nos miraba con cara de lelo, de eso sí me di cuenta, aunque para mí sólo eran caras, no me fijaba en ellas ni quién las llevaba.

Al llegar cerca del paso a nivel comenzaron a caer algunas gotas de lluvia y apenas cruzamos las vías las gotas se convirtieron en llovizna y la llovizna se secó un poco más allá. No me preguntes por qué me acuerdo de eso, ni yo mismo acierto con el motivo, tal vez porque noté la camisa húmeda o quizás porque fue a esa altura del camino cuando comencé a llorar. Notaba las lágrimas deslizarse por las mejillas hasta el mentón y desde ahí las intuía caer, no me diga cómo lo advertí, sólo lo notaba. A pesar de todo ello seguía impasible arrastrándome hacia el instituto.

Cerca de la entrada había un perro enorme, siempre el mismo perro que me ladraba todos los días cada vez que pasaba a su lado. Oía los gruñidos desde mucho antes de llegar, como si él presintiera mi presencia; supongo que sería el olfato o el oído. Siempre se agazapaba detrás de la valla y saltaba de repente hacia mí; la cadena a la que estaba atado le retenía, si bien a mí me sobresaltaba, incluso a sabiendas de lo que iba a ocurrir. Esa mañana no. Esa mañana estaba junto a la valla de pie junto a su dueño. Recuerdo los ojos abiertos con que me observaba, sin gruñir, sin un ladrido. Dirigía su mirada hacia mí y luego se volvía hacia su amo y de nuevo a mí, como un péndulo; parecía como si se preguntara por qué un humano me llevaba de aquellas trazas, zarandeándome sin atender a los llantos. ¿Comprendería lo que estaba pasando delante suyo? El caso es que le dirigí una mirada de queja a él, al perro, como a un confidente a quien se le pide ayuda.

Junto a la puerta de entrada mi desesperación alcanzaba límites audaces. Dejé caer todo mi peso para impedir que me siguieras remolcando y en aquella acción me caí al suelo de espaldas. Nada pudiste hacer para evitarlo; mi peso pudo con la fuerza de tu mano y el brazo por el que me sujetabas se deshizo de ella. Entonces vi la furia en tus ojos. Me asusté aún más de lo que estaba, pensé que me ibas a moler a palos. No podía dejar de observar cómo apretabas los labios al tiempo que abrías los ojos como para tragarte el mundo entero. Me agarraste con fuerza y de un solo empujó me levantaste ¿recuerdas cómo me llevaste hasta la puerta misma del aula, qué improperios dejaste escapar? La clase ya había comenzado e hice un último intento implorándote que me dejaras regresar contigo, que no me obligaras a entrar. Todo inútil. Tú mismo abriste la puerta y con un empellón cerraste la puerta tras de mí

No te puedes dar una idea cómo toda la clase estalló en risas, carcajadas y comentarios burlescos. Ni el propio profesor podía hacerlos callar. No sabría decirte qué aspecto tenía en aquel momento, pero debía de causar mucha gracia o mucha pena. Me imagino con los ojos hinchados, las mejillas con los surcos secos de las lágrimas, el pelo alborotado, la ropa descolocada, todo el cuerpo encogido y, sobre todo, la mirada perdida en el miedo y la vergüenza. ¡Tierra trágame! Pero trágame de verdad, literalmente. Me quedé allí plantado hasta que por fin el profesor pudo conseguir que reinara el silencio. Entonces avancé por entre los pupitres hasta llegar al mío; durante esos poco metros podía escuchar los diatribas de mis compañeros, los insultos, las vejas.

El resto de la mañana lo pasé ensimismado, sin atender en clase. Entre asignatura y asignatura, mientras se iba un maestro y llegaba el siguiente, me arrebujaba en la silla para intentar pasar desapercibido. Sentía la mirada burlona de todos. Veía cómo me señalaban y la sonrisa en sus rostro. Lo peor llegó a la hora del recreo. Todos salieron al patio, todo menos yo. Me quedé sentado allí, en el aula. Por primera vez en toda la mañana percibí que me invadía la paz. Mientras no saliera al patio nadie se reiría de mí, nadie me apuntaría con su índice. Pero quiso el destino que un profesor pasara por el pasillo y me viera dentro. No me lo pidió, me ordenó que saliera a divertirme. Yo le respondía que prefería permanecer estudiando, pero de balde. Al final tuve que poner los pies en el patio.
Busqué una esquina y me arrimé a la pared. ¡Ojalá me fundiera con ella! Imposible. Vigilaba desde mi atalaya a los demás, hasta que descubrí a aquel alumno fortachón y a sus amigotes. Ellos iban un curso por delante y llevaban machacándome desde septiembre, como cuando me encerraron en el cuarto de baño durante toda una mañana; el director acabó llamándote ¿te acuerdas? para decirte que me había ausentado sin permiso; tú me castigaste sin televisión una semana entera. Sin embargo, no eran esas “travesuras”, como papá las llamó una vez, lo que más me molestaba, sino aquellos días en que no paraban de insultarme, me arrojarme vilipendios al oído de forma constante. A veces hubiera deseado ser sordo para no seguir escuchando aquellos desprecios. Y luego estaban las humillaciones, como cuando en clase de gimnasia me hicieron presentarme en el vestuario de las chicas en calzoncillos; el director volvió a llamarte y volviste a castigarme ¿recuerdas?


En fin, que aquellos gorilas me estaban observando, y nada bueno de ello podía salir. Se me encogió el corazón al tiempo que se aceleraba como un tren sin control a punto de descarrilar. Se me espigó la piel, fría se quedó, como si una brisa helada hubiera atravesado mi cuerpo. Perdí la noción de dónde estaba. Desconozco si caía o flotaba en el aire. Un sudor más que húmedo comenzó a surgir por todo el cuerpo. Entonces los vi aproximándose hacia mí, como otras muchas veces lo habían hecho. Los músculos se me aflojaron y noté que me orinaba; podía sentir el arroyo caliente extenderse por la pierna abajo. Comenzaron a reírse con carcajadas tales que habría jurado no podían existir más hirientes. En segundos me parecieron cientos, miles de alumnos a mi alrededor señalando la mancha en el pantalón y riéndose de forma estruendosa. Ahora sé que apenas habrían sido cinco o seis, pero en aquel momento mi mente no regía y los tuve por multitud. No me quedaba llanto ni consuelo, así que eché a correr desaforado como alma que lleva el diablo. No vi puerta, profesores o muros, sé que corría por la acera, más tarde supe que en dirección a casa, pero en aquel escenario no sabría asegurar que fuera consciente de la dirección. Sólo pensaba en correr y correr, huir lo más lejos posible de todos. Crucé la carretera sin pararme a mirar el tráfico, aunque recuerdo vagamente algunas voces gritándome y, ahora con más calma, algunos frenazos. De lo que estoy seguro es de que seguí corriendo sin detenerme si quiera en el paso a nivel, aunque las barreras estaban bajas. Las sorteé como pude y ya iba a cruzar las vías, cuando, nunca supe el motivo, me detuve apenas escuché el silbido del tren; fue como si aquel sonido me devolviera a la realidad, de manera que poco a poco fue haciéndome consciente de dónde estaba. Mis ojos empezaron a concentrarse en lo que veían: el tren se acercaba; los oídos percibían voces de personas que me gritaban, no como en el instituto, sino otro tipo de voces. En un instante vi que el tren estaba llegando y me di cuenta de que yo estaba en mitad de las vías. ¿No me preguntes por qué no me aparté? Ni yo mismo podría decírtelo, simplemente me quedé inmóvil, esperando que el tren me arrollara. 

jueves, 9 de marzo de 2017

EL CAMBIO DE HORARIO

 Cada año, dos veces vemos que nuestros relojes adelantan o atrasan una hora. Al menos, esto sucede en un día festivo, lo que no trastoca mucho nuestros hábitos. Sin embargo, pasado ese día, el nuevo horario puede afectar a nuestro ritmo diario, tal vez durante unos días. Es una forma de lucha entre el reloj y el biorritmo. Así también, dos veces al año, coincidiendo con este cambio, la gente comenta lo inútil o provechoso que resulta esta mudanza que sucede en las manecillas del reloj, ahora más bien en los números digitales. Pero, ¿siempre ha sido así? Seguramente no. ¿Desde cuándo venimos esclavizándonos con este forma de tortura? Echemos un vistazo a la historia.
Durante la Primera Guerra Mundial, Alemania, al igual que los demás países que intervenían en ella, pasaban serios apuros en su economía interior debido a los gastos ocasionados por la contienda bélica, así que intentaban idear algún modo de aprovechar el tiempo para producir mayor cantidad de energía, que en aquellos tiempos provenía principalmente de las minas de carbón. En 1916 alguien se acordó de un panfleto que había sido escrito unos años antes un inglés, ya fenecido, en el que se mencionaba el desperdicio de parte del día durante los meses de primavera y verano. Visitemos al autor de este panfleto antes de proseguir con los alemanes.
William Willet había sido un magnate de la construcción a principios del siglo XX. Vivía a unos 15 kilómetros al sur de Greenwich, en un lugar llamado Chislehurst. Pues bien, este adinerado constructor era muy aficionado a los caballos; solía dar grandes paseos, sobre todo al alba, subido a lomos de uno de ellos, internándose por el bosque cercano a donde vivía. Por supuesto, en sus cabalgatas debía pasar por delante de las casas de la población. Muchas veces, en los días de verano, cuando los rayos del sol ya calientan a primeras horas del día, observaba las persianas cerradas y pensaba en la gente que estaría durmiendo plácidamente en sus lechos, ajenas a la vida que ya había despertado al aire libre. ¡Qué desperdicio de tiempo! debió de pensar. Así que se le ocurrió escribir un panfleto con esa idea suya: si se arrancara ese tiempo matinal del alba y se colocara al final de la tarde, la gente no sólo podría disfrutar de más horas de luz, sino que también se podría alargar la jornada de trabajo (beneficio para las empresas como la suya). Aquel panfleto se conoció con el pomposo título de “The Wasted Daylight” (la luz diurna desperdiciada). Regresemos ahora a los alemanes y sus problemas de energía.
Dado que no veían la forma de aumentar la producción de carbón, se les ocurrió que podrían consumir menos carbón, aprovechando esas horas matinales que la primavera y el verano proporcionaban, siguiendo la línea razonada de William Willet. Así que comenzaron a torpedear a la población civil, sobre todo a los empresarios, con la idea de acomodar las horas, o lo relojes, a la jornada diurna, de modo que los empresarios podían ahorrar en sus gastos, los gobernantes podían mantener la guerra, y los ciudadanos.... bueno, podrían disfrutar de más tiempo al levantarse con el alba, aunque fuera para ir al trabajo. De modo que en la zona germana se adoptó el cambio de horario, para lo cual se difundieron montones de tarjetas postales para advertir de ello a la población. Pocas semanas después a los ingleses les pareció una estupenda idea, de manera que se adhirieron a la moda. Antes de terminar la guerra varios países imitaron a estos dos, llegando a Estados Unidos en 1918.
El término de la guerra no puso fin a este idea tan productiva. Los cambios horarios se expandieron por todas partes hasta llegar un momento en que toda Europa, toda América, toda Asia, toda Oceanía y la mayor parte de África (casi todo el mundo) adoptaron este sistema. Con el tiempo y las transformaciones que la industria y la sociedad fueron sufriendo a lo largo del siglo pasado, esta medida horaria fue perdiendo vigencia, puesto que empezó a resultar tan inútil como innecesaria, así que poco a poco los diferentes países fueron abandonando la idea y dejaron de modificar sus relojes. Actualmente, salvo tres o cuatro países, ni Asia, ni África ni Oceanía adelantan o atrasan las manecillas, o los números digitales.

¿Se debería desistir y rendirse al hecho de que ya no tiene sentido esta norma? ¿Todavía tiene su provecho en el ahorro de energía? Sea como fuere, la medida fue adoptaba con dos fines muy nobles que engrandecen a la Humanidad: prolongar una guerra y enriquecer a los poderosos. Ustedes mismos.

jueves, 2 de junio de 2016

Enigmas que resolver

PRIMERO
Nos disponemos a pasar por la plancha tres rebanadas de pan de molde. Resulta, sin embargo, que sólo disponemos de un minuto y medio para ello, y en la plancha sólo caben dos rebanadas. Teniendo en cuenta que el tiempo mínimo para que un lado de la rebanada quede bien tostado es de treinta segundos, ¿cómo lo haremos?

SEGUNDO
Cinco caníbales quieren cruzar al otro lado de un río, en donde hay cinco misioneros que también quieren cruzar al otro lado. Para ello disponen de una barca que sólo puede llevar a tres personas. Como ninguno de los caníbales se fía de los misioneros y ninguno de los misioneros se fía de los caníbales, no quieren estar en desventaja numérica en ningún momento (ni en la barca ni en la orilla). ¿Cómo se arreglan para cruzar la corriente?

TERCERO
Supongamos que tenemos tres copas vacías seguidas de otras tres copas llenas de vino. ¿Cómo haremos para tener las copas llenas y vacías alternativamente moviendo sólo una de ellas?

CUARTO
En un calabozo hay dos puertas: detrás de una se halla un patíbulo, detrás de la otra sólo hay campo. A un prisionero se le da la ocasión de quedar libre; para ello tiene que salir por la puerta correcta. Teniendo en cuenta que en cada puerta hay un guardia, y sabiendo que uno de ellos siempre dice la verdad y el otro siempre una mentira, al reo se le da la oportunidad de hacer una única pregunta a cualquiera de los dos guardias para averiguar por qué puerta salir. ¿Cuál es esa pregunta?

QUINTO
En una estantería están los dos tomos de un Diccionario colocados alfabéticamente de izquierda a derecha. Resulta que un gusano entró en el primero de ellos y perforó desde la primera hoja del primer tomo hasta la última del segundo. Teniendo en cuenta que cada tomo tiene mil hojas, ¿cuántas hojas perforó el gusano?

SEXTO
En un pueblo se celebran dos días de fiesta separados por el mismo número de meses. El día festivo siempre es un día 31. Dado que estamos en noviembre, ¿cuál será la fecha del próximo día festivo?

SÉPTIMO
En un baile todos los chicos y todas las chicas formaron 42 parejas para bailar, y todos los chicos bailaron una vez con todas las chicas. Como en cada baile una chica quedaba sin pareja, ¿cuántos chicos y chicas había en el baile?


RESPUESTAS
Primerose tuestan una cara de las dos primeras rebanadas; se tuesta la otra cara de una rebanada y se pone una tercera; se da la vuelta a la tercera y se pone la cara que quedaba de la segunda
Segundoruzan dos caníbales y vuelven tres misioneros; regresan un caníbal y un misionero y vuelven tres misioneros; cruzan los dos caníbales que faltan
Tercerolevantamos la copa llena que está en medio de las otras dos llenas y la vaciamos en la copa vacía que está en medio de las otras dos vacías
Cuartosegún tú, ¿cuál es la puerta que me indicaría tu compañero como la que conduce a la libertad?. Obviamente, habría que salir por la puerta contraria a la de la respuesta
QuintoEn una estantería están los dos tomos de un Diccionario colocados alfabéticamente de izquierda a derecha. Resulta que un gusano entró en el primero de ellos y perforó desde la primera hoja del primer tomo hasta la última del segundo. Teniendo en cuenta que cada tomo tiene mil hojas, ¿cuántas hojas perforó el gusano
SextoEn un pueblo se celebran dos días de fiesta separados por el mismo número de meses. El día festivo siempre es un día 31. Dado que estamos en noviembre, ¿cuál será la fecha del próximo día festivo
Séptimo:En un baile todos los chicos y todas las chicas formaron 42 parejas para bailar, y todos los chicos bailaron una vez con todas las chicas. Como en cada baile una chica quedaba sin pareja, ¿cuántos chicos y chicas había en el baile?

miércoles, 1 de junio de 2016

Proporciones planetarias y estelares

Cuando levantamos la vista al cielo y vemos las nubes o las estrellas o nuestro satélite la Luna o nuestro astro-rey el Sol, nos sentimos parte de la grandeza que nos da este planeta al que llamamos Tierra. Aunque los medios de transporte actuales nos acercan en tiempo, achicando el espacio entre distintos países y continentes, aún tenemos esa sensación de que el globo terráqueo es grande, no inmenso como se solía pensar en tiempos pretéritos, pero sí grande y espacioso. En realidad, si comparamos a la Tierra con sus planetas vecinos, los planetas interiores del sistema solar, todos ellos tan rocosos como el nuestro, salimos ganando. No hay más que echar un vistazo para ver los tamaños proporcionales.
Claro que si nos alejamos un poco y nos vamos en dirección al exterior, donde nos topamos con los gigantes gaseosos, ya nuestra Tierra, que es nuestro hogar, se queda un tanto chica, abrumada por los enormes diámetros de los planetas:
¿Pero, qué pasa cuando osamos equipararnos a nuestro Sol, a esa estrella que nos da luz y calor? Apenas nos distinguimos, somos una mancha, como un mosquito aplastado en la luna delantera del coche o en la pared de una habitación. Pensemos que nosotros vivimos en esa mancha y aun hay espacio suficiente para que vivan unos cuantos millones de nosotros más.
Sin duda, pensarían algunos, esta estrella nos hace sentir ridículos, aunque, claro, estaríamos hablando de uno de los mayores astros del universo. ¡Qué equivocados estarían éstos que así pensaran! Nuestra estrella, nuestro Sol, ni siquiera llega a la altura de la media; es tan chiquito, que los estrellas de un tamaño moderado nos hacen sonrojar. En la comparación, el Sol casi se desvanece.
En fin, visto así, puesto al lado de la estrella Arturo, el Sol, aquella estrella en que la Tierra era un mosquito aplastado, ahora resulta que le toca a él convertirse en mosquito, en una manchita de nada que en un vestido apenas nadie se daría cuenta de su existencia. Aun así, habría quienes dijeran que, bueno está, pero no deberíamos comparar el Sol con la gigante Arturo, que seguramente sería la mayor estrella conocida. ¡De nuevo mal! Arturo es insignificante ante la inmensidad de las estrellas supergigantes; ahora el Sol ni existe para ellas, no es nada. Siendo así, ¿qué pasa con la Tierra? ¿y con nosotros? Y nos creíamos los amos del universo. Para Antares no somos si quiera ni una molécula, ni un átomo; somos menos que nada. Y os aseguro que Antares no es la mayor estrella conocida, pero casi da vergüenza seguir las comparaciones.
Ni somos el ombligo del mundo ni al mundo le importamos un bledo. Pongámonos en nuestro sitio y pensemos en lo que somos y vivamos de acuerdo con ello.

Tierra – Venus – Marte – Mercurio – Luna

Júpiter – Saturno – Urano – Neptuno – Tierra – Venus – Marte – Mercurio – Luna

Sol - Júpiter – Saturno – Urano – Neptuno – Tierra – Venus – Marte – Mercurio

Sol – Sirio – Pólux – Arturo

Pólux – Arturo – Rigel – Aldebarán – Betelgeuse - Antares


Y ahora reflexionemos: ¿dónde está nuestra querida Tierra? ¿en dónde hemos dejado nuestro amado Sol? Comparados con Antares, ¿qué somos nosotros, la especie humana?

ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES

Las lágrimas vertidas por motivos de moción tienen distinta formación química que las causadas por viento, frío y polvo.

En los relojes tradicionales con manecillas y números desde el uno al doce, si se sumen éstos horizontalmente dan siempre un total de 12.

Washington D.C. no ha sido siempre la capital de Estados Unidos; por asombrosos que pueda parecer, es la novena ciudad que ha sido capital.

Corría el año 1869. El presidente estadounidense Abraham Lincoln se hallaba en un teatro donde se interpretaba el himno confederado “Dixie”. Lincoln se entusiasmó tanto con la música que gritó pidiendo que lo repitieran.

En 1811 el retrato de Mona Lisa fue robado del museo Louvre de Paris. Lo curioso es que su espacio vacía fue contemplado durante dos años por más gente que el retrato en los doce años anteriores.

Auguste Rodin es el autor de varias esculturas populares e importantes. Pues bien, este artista y escultor suspendió tres veces los exámenes de escultura en la prestigiosa escuela de Bellas Artes de París.

Un molino en Nantucket, Massachusetts, EEUU, fue hecho en 1746 totalmente con maderas halladas en la costa, que eran parte de barcos naufragados en el transcurso de los años.

Durante la década de 1930 los perros que trabajaban como extras en películas recibían 7.50 dólares diarios, igual que las personas.

El edificio donde el presidente estadounidense tiene su residencia oficial fue terminada en 1812, pero no fue hasta dos años más tarde que la apodaron Casa Blanca, debido a que fue pintada de ese color para ocultar las manchas de humo producidas por el incendio provocado por los ingleses en ese año.

El primer desnudo femenino de la historia del cine apareció en la pantalla en 1916. La actriz se llamaba Annette Kellerman, y la película, La hija de los dioses. Annette, que además de actriz era una gran nadadora, tuvo que lanzarse desde una altura de casi tres metros sobre una catarata de la isla de Jamaica.


Cuando los astronautas Gerald Carr, Edward Gibson y William Pogue regresaron de su viaje de ochenta y cuatro días a bordo del Skylab, medían cada uno cinco centímetros más de estatura. La explicación es que, al no estar sometidos a la gravedad, sus vértebras se pudieron expandir hasta los límites que marcaban sus cuerpos.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Tres acertijos sencillos

PRIMER ACERTIJO:
Tenemos sobre la mesa dos grupos de fichas repartidas en dos montones, todas ellas dispuestas en fila. Unas son rojas y otras son azules. Combinándolas por parejas (una roja y una azul), resulta que pueden formar parejas hasta un total de 42. Ahora bien, siempre que se emparejan queda una ficha azul sin pareja. ¿Cuántas fichas hay de cada color?

SEGUNDO ACERTIJO:
Supongamos que tenemos sobre la mesa 32 jarras llenas de agua, un vaso y un hornillo. En una de las jarras hay mezclado con el agua cierta cantidad de arsénico. Debemos averiguar en cuál jarra está la mezcla. Como ayuda sabemos que al calentar el arsénico éste desprende un fuerte olor a ajo. Para hallar la solución se da una condición: sólo se puede usar el vaso en cinco ocasiones.

TERCERO ACERTIJO:
En una cesta de mimbre hay un cierto número de bolitas, de las cuales una quinta parte están pintadas de amarillo, una tercera parte están pintadas de verde y las siete restantes están pintadas de marrón. ¿Cuántas bolitas hay en la cesta?

SOLUCIONES:
1º. Seis rojas y siete azules.
2º. 1- Se vierte en el vaso un poco del contenido de 16 jarras y se apartan las otras. Se calienta el agua y, si huele a ajo, se descartan las jarras apartadas; en caso contrario, se descartan las jarras probadas. 2- De las 16 jarras que tenemos ahora, echamos el contenido de 8 de ellas en el vaso y se apartan las otras jarras. Procedemos como anteriormente. 3- De las 8 jarras resultantes volvemos a verter el contenido de 4 de ellas y apartamos las otras. De nuevo, calentamos y olemos. 4- Ahora vertemos el contenido de 2 de las cuatro jarras que nos quedan y apartamos las otras. Una vez más, calentamos y olemos. 5- Sólo quedan dos jarras, así que calentamos el contenido de 1 de ellas: si huele a ajo, ésa es; si no huele a ajo, es la otra.

3º. Quince.

sábado, 28 de marzo de 2015

EL CALENDARIO

Es de común conocimiento que el calendario por el que nos regimos en la actualidad tiene su origen más inmediato en los tiempos de la Antigua Roma; eso sí, desde entonces ha sufrido alguna modificación para adecuarlo a la forma más correcta posible. También es de común conocimiento que los nombres y expresiones usados en nuestro calendario provienen de los mismos nombres y expresiones empleados por los antiguos romanos. Lo que aquí se pretende, pues, es sólo rememorar todo esto. Empecemos, por tanto, con ello.

Nuestro año, compuesto por 365 días (excepción hecha del “año bisiesto”), lo dividimos en doce partes de más o menos igual duración, a cuya división llamamos “mes”, otorgando a cada uno de los doce meses un nombre concreto, desde “enero” hasta “diciembre”. Esto lo sabemos desde pequeños, pero lo que tal vez no supiéramos es que esta división del año en doce partes no fue siempre así. Si nos fijamos en el nombre de los últimos cuatro meses, notaremos que algo no encaja: “sept-i-e-mbre”, “octu-bre”, “novi-e-mbre”, “dici-e-mbre” (siete-bre, ocho-bre. nueve-bre. diez-bre); pero los números no cuadran con el número de mes, porque septiembre es el noveno mes y no el séptimo, octubre es el décimo mes y no el octavo, etc. El motivo de tal peculiaridad es que en un principio, unos 700 años antes de comenzar nuestra era, el año estaba dividido en diez partes o meses, de donde “dici-e-mbre” era el décimo mes, pues que era el último del año (de modo que el año constaba tan sólo de 304 días). Así pues, el año comenzaba en Marzo y terminaba en Diciembre. ¿Y por qué no se empezó a contar el año precisamente en Marzo y no en Abril o Mayo...? Todo se debe al afán belicoso de aquellos pueblos. Entonces, las guerras se tomaban un respiro en época invernal: los ejércitos se retiraban o bien a sus ciudades o a sus campamentos estables y allí permanecían hasta que el llegaba el buen tiempo, con la primavera. Entonces, los ejércitos se volvían a poner en marcha y se reiniciaban las hostilidades. Dado que para los romanos existía la guerra tenía como símbolo al dios que ellos llamaban Marte, le dedicaron este primer mes de la guerra, sin duda con el loable fin de que el dios le fuera propicio y les ayudara a derrotar al enemigo. Y así, llamaron a este mes “Martium”, de donde proviene nuestro Marzo.

En cuanto a Abril, se tienen dudas sobre el origen del nombre, aunque la mayoría se inclina por relacionarlo con la palabra latina “aperire”, que significa “abrir”, recordando que es el mes en que florecen las plantas y la naturaleza se abre a la primavera. Algo parecido ocurre con Mayo, sobre cuyo origen, el del nombre y no el del mes, parece que no hay consenso, si bien todo hace suponer que se relaciona con un ser sobrenatural de nombre Maia, aunque existían una diosa y una ninfa con ese nombre, de donde surgen dudas sobre a cuál de ellas honrarían los romanos; de todas formas, en este mes los ciudadanos celebraban la fiesta que conocían como Maius, un festival dedicado a la diosa, por lo que parece que ésta es la candidata al premio. Esta Maia era la diosa que, según se creía, auspiciaba la fertilidad, nada más apropiado para un mes en que la vida comienza a brotar por todas partes después del letargo invernal.

Llegamos a Junio. Tampoco aquí parece que haya anuencia sobre el origen del nombre. Mientras unos pretenden emparentarlo con la diosa Juno, otros dicen que estaba dedicado a Junio Bruto, a quien se considera el fundador de la República romana. En cualquier caso, después de este mes llegaba el mes Quinctilis, en clara alusión a que era el quinto. Hasta que no llegó el afamado Julio César, a partir de este mes ya no había meses con nombre propio, sino el ordinal (Sextilis, September, etc). En un principio éste era un mes un tanto largo, dado que contenía ni más ni menos que 36 días; pero llegó Rómulo y fundó la ciudad de Roma, durante el cual reinado a este Rómulo le pareció excesivo tanta cantidad de días y los redujo a 31; despues, hace aproximadamente 2700 años bajo el reinado de un tal Numa Pompilio, el número de días se redujo a 30. Y entonces llegamos a Julio César, que mandó reformar el calendario y “ponerlo al día”, devolviendo los 31 días al mes y actualizando los desfases más notorios que el calendario había ido acumulando por no esta adecuado a los años naturales (la traslación de la Tierra alrededor del Sol). En honor a esta encomiable tarea, se honró a Julio César llamando a este mes Julio (se ve que en aquella época no se dedicaban los nombres de las calles a este tipo de homenajes). A Julio César le sucedió en el poder su hijo adoptivo, Octavio, a quien nombraron Augusto. Octavio, por no querer ser menos que su antecesor, puso su nombre al siguiente mes, de donde pasó de ser llamado Sextilis a ser conocido como Agosto.

Por lo demás, el resto de los meses conversaron su nominación hasta nuestros días. Sin embargo, queda por aclarar el origen de los dos meses que en la actualidad figuran como los que comienzan el año. ¿Cuándo los colocaron ahí y a qué se deben sus nombres? Pues bien, fue bajo el mandato de aquel rey que se mencionó antes, Numa Pompilio, cuando se añadieron estos dos meses, de manera que se vino a reparar un tanto la anomalía del calendario con el “año natural”. Hablemos de Febrero. Su nombre se debe a la palabra latina de origen etrusco “februa”. El día 15 del último mes del año, que era este mes del que hablamos, se celebraba una especie de “fiesta de la purificación”, posiblemente prerromana, que era conocida con ese nombre etrusco. La fiesta alcanzó tanta popularidad que los romanos acabaron por nombrar así al mes en que se celebraba el festival, y de ahí se pasó a inventarse un dios homónimo, cuya misión sería la de purificar, sobre todo mediante el agua. El caso es que , si bien estos dos meses cerraban el año cuando se añadieron bajo Numa Pompilio, el tiempo, el uso y las reformas acabaron por trastocar su posición y al primero de ellos lo pusieron bajo la advocación del dios Jano, que era una especie de dios de doble cara, pues que venía a representar el principio y el fin, el espíritu del doble sentido de la puerta: por un lado sales y por el otro entras; así que Ianuarium (de Ianum), servía para cerrar un año y abrir otro, de donde viene nuestro Enero.


Si alguien se pregunta por qué había tanto disparidad entre el calendario romano y el año que tarda el planeta en rodear el Sol, se debe a que este calendario está basado en las fases de la Luna, no en el Sol, por el cual motivo aún en la actualidad tenemos que añadir un día cada cuatro años.

miércoles, 25 de marzo de 2015

REYES Y PRESIDENTES DE ESPAÑA

Fernando II de Aragón “el Católico” (15 de enero de 1475 – 26 noviembre de 1504 [Castilla])
Isabel I de Castilla “la Católica” (13 de diciembre de 1474 – 26 de noviembre de 1504)
Felipe I de Castilla “el Hermoso” (12 de julio de 1506 – 25 de septiembre de 1506)
Juana I de Castilla “la Loca” (26 de noviembre de 1504 – 26 de noviembre de 1555)
[Fernando II de Aragón fue rey en Aragón des el 20 de enero de 1479 hasta su muerte el 23 de enero de 1516, fecha en que Juana I de Castilla fue coronada como reina de Aragón]
Carlos I “el César Carlos” (14 de marzo de 1516 – 16 de enero de 1556)
Felipe II “el Prudente” (16 de enero de 1556 – 13 de septiembre de 1598)
Felipe III “el Piadoso” (13 de septiembre de 1598 – 31 de marzo de 1621)
Felipe IV “el Rey Planeta” (31 de marzo de 1621 – 17 de septiembre de 1665)
Carlos II “el Hechizado” (17 de septiembre de 1665 – 1 de noviembre de 1700)
Felipe V “el Animoso” (16 de noviembre de 1700 – 14 de enero de 1724)
Luis I “el Bien Amado” (14 de enero de 1724 – 31 de agosto de 1724)
Felipe V “el Animoso” (6 de septiembre 1724 – 9 de julio de 1746)
Fernando VI “el Prudente” (9 de julio de 1746 – 10 de agosto de 1759)
Carlos III “el Político” (10 de agosto de 1759 – 14 de diciembre de 1788)
Carlos IV “el Cazador” (14 de diciembre de 1788 – 19 de marzo de 1808)
Fernando VII “el Deseado” (19 de marzo de 1808 – 6 de mayo de 1808)
José I “Pepe Botella” (6 de junio de 1808 - 11 de diciembre de 1813)
Fernando VII “el Deseado” (11 de diciembre de 1813 - 29 de septiembre de 1833)
Isabel II “la de los Tristes Destinos” (29 de septiembre de 1833 – 30 de septiembre de 1868)
Amadeo I “el Rey Caballero” (16 de noviembre de 1870 – 11 de febrero de 1873)
Estanislao Figueras (12 de febrero de 1873 – 11 de junio de 1873)
Francisco Pi y Margall (11 de junio de 1873 – 18 de julio de 1873)
Nicolás Salmerón (18 de julio de 1873 – 7 de septiembre de 1873)
Emilio Castelar (7 de septiembre de 1873 – 3 de enero de 1874)
Francisco Serrano y Domínguez (3 de enero de 1874 – 30 de diciembre de 1874)
Alfonso XII “el Pacificador” (29 de diciembre de 1874 – 26 de noviembre de 1885)
Alfonso XIII “el Africano” (17 de mayo de 1886 – 14 de abril de 1931)
Niceto Alcalá Zamora (30 de julio de 1931 – 14 de octubre de 1931)
Manuel Azaña (14 de octubre de 1931 – 11 de diciembre de 1931)
Niceto Alcalá Zamora (11 de diciembre de 1931 – 7 de abril de 1936)
Diego Martínez Barrio (7 de abril de 1936 – 11 de mayo de 1936)
Manuel Azaña (11 de mayo – 3 de marzo de 1936)
Francisco Franco (1 de octubre de 1936 – 20 de noviembre de 1975)
Juan Carlos I (22 de noviembre de 1975 – 4 de junio de 2014)
Felipe VI (19 de junio de 2014 - )

Curiosidades

MÚSICA
Las hermanas Cherry, un conjunto de variedades norteamericano que se anunciaba como “el peor espectáculo de América” en 1910, eran tan malas que debían cantar tras una red, que las protegía de los objetos lanzados por los espectadores.

En la música en China se considera como primera nota la más alta y la última es la más baja de la escala.

Una máquina de coser inventada a principios del siglo XIX producía sonidos musicales cuando funcionaba.


HISTORIA
Los escitas del sudeste de Europa, entre el año 600 a.C. y el 100 d.C., honraban a su rey muerto cortándose un pedazo de oreja, de nariz, de la frente y de un brazo, y atravesándose la mano izquierda con una flecha. Los egipcios, en cambio, solían afeitarse la cabeza, pero como señal de luto dejaban crecer el cabello.

Había tan pocas mujeres en el sur de EEUU a principios del siglo XIX que a menudo las viudas recibían proposición matrimonial regresando del entierro del esposo.

La primera forma de seguro se dio en la isla de Rodas en 324 a.C. por si huía algún esclavo.

A los jurados ingleses se les encerraba sin agua ni comida hasta que conseguían un veredicto.
Si las leyes no han cambiado últimamente en Francia, las mujeres que han tenido hijos sin casarse pueden hacerlo con el padre de ellos después de haber muerto.

Según la “Lex Cocinaria” (ley de la cigüeña) los hijos estaban obligados a cuidar de sus padres si eran ancianos.

El poeta inglés Alexander Pope (1688-1744) medía tan sólo 1,37 metros y eran tan delicado que usaba un corsé para mantenerse erecto y tres pares de calcetines para que sus piernas parecieran algo gruesas.

Las lecheras en Inglaterra en el siglo XIX estaban legalmente autorizadas para agregar un tercio de agua en cada envase usado para la distribución diaria de la leche.


COMIDA
Los recién casados en la China antigua recibían lluvia de cebollas para protegerlos contra el mal de ojo. Entre Los antiguos egipcios la cebolla era considerada símbolo de eternidad, llegando a jurar mientras ponían la mano derecha encima de una.

Ponerse la mano en la boca al bostezar tiene su origen en la creencia de que así se evitaba perder el aliento o el alma.

Los antiguos persas hacían el vino a partir de violetas.

La palabra “cocktail” (cóctel) se originó en una cantina mejicana en la que el cantinero mezclaba sus bebidas con la raíz de una planta llamaba Cola de gallo (cock’s tail).


ABSURDOS
Los ciclistas de la ciudad de nueva York en el decenio de 1880 podían ser detenidos si corrían a más de 18 kilómetros por hora.
En Israel se ha llegado a extender un documento de identidad a cada una de las 300.000 vacas que había en su momento.
Los Puritanos de Nueva Inglaterra, en Estados Unidos, rehusaban celebrar el día de Año Nuevo, porque enero tomó su nombre del dios romano Jano, un dios pagano.
La triscaidecafobia (temor al número 13) está tan extendida en Estados Unidos que el 90% de los edificios altos no marcan ese piso.

ASOMBROSO
El desierto de Atacama, al norte de Chile, tiene zonas en las que nunca ha llovido.

James Lewis y James Springer son dos gemelos idénticos adoptados por dos familias distintas siendo niños. Se conocieron 39 años después: ambos recibieron el mismo nombre, se casaron con mujeres llamadas Linda, se divorciaron y se casaron con unas llamadas Betty, sus primeros hijos se llaman James Allan, fueron policías y tienen como pasatiempos la carpintería y la pintura.

La expectativa de vida de los romanos hasta el año 400 d.C. era sólo de 26 años y 6 meses. En el siglo IX había aumentado hasta los 26 años y 7 meses.

Cortar un árbol en una calle o en un jardín era castigable con pena de muerte en la Inglaterra del siglo XIX.

Thomas Wedders trabajó en los circos de Inglaterra durante el siglo XVIII mostrando su nariz, que tenía 18 cm de largo.

David Grant y su esposa Evelyn, de Carlstadt en New Jersey, Estados Unidos, que han estado casados 40 años, fueron operados del corazón por el mismo médico el mismo día en el mismo hospital y fueron dados de alta al mismo tiempo.


ANIMALES
La zorra tiene tan buen olfato que puede identificar a cualquier zorra con la que se cruce y lo último que comió.

Perros de agua eran llevados en la mitad de los galeones españoles para enviar mensajes de unos a otros.

La piel de los elefantes carece de poros, por el cual motivo para expulsar el sudor lo hacen a través de las uñas.


VARIEDADES
El famoso teatro Kibuki de Japón tiene solamente actores, pero anteriormente había solamente actrices.

Sean Connery, el famoso actor, trabajó una vez puliendo ataúdes.

domingo, 8 de junio de 2014

LAS ABEJAS


LAS ABEJAS

                La abeja es un insecto eusocial [el nivel más alto de organización social entre los animales] heminóptero [que tiene alas membranosas, del griego hymen + pteros] de cuatro alas. Se dividen en cuatro especies distintas [apis dorsata, apis florea, apis cercana y apis mellifica], de las cuales la cuarta, la mellifica o doméstica, es la europea y, por consiguiente, la que habita Asturias. Esta abeja europea se subdivide en más de 30 razas, de las cuales la asturiana pertenece a la llamada abeja negra común, caracterizada por la probóscide [trompa] corta [entre 4,6 y 6 mm], por el pelo oscuro y por el carácter irascible.
            La sociedad de las abejas distingue tres tipos o castas dentro de sus colonias: las reinas, las obreras y los zánganos. Cada casta tiene su función y su desarrollo; así, aunque en un principio las reinas y las obreras comienzan alimentándose de jalea real, las obreras cambian de dieta a los dos días, pues, de lo contrario, acabarían adquiriendo la posibilidad de poner huevos, pero infecundos [sólo nacerían zánganos].
            Las abejas que recolectan el polen son las obreras. Éstas son hembras infértiles, cuyo trabajo abarca desde la creación de la cera para construir los panales hasta la limpieza y vigilancia la colmena, así como la crianza de las larvas.
            Las abejas obreras salen a recolectar cumplidos los 18 a 25 días de vida, recibiendo el nombre de pecoreadoras [del latín pecus, ganado]. Buscan el néctar de las flores, el cual absorben con su probóscide [en realidad, una lengua] y, una vez en la boca, con una bomba de succión allí situada lo empujan a través de un largo esófago hasta el buche [ensanchamiento del aparato digestivo]; en el buche el néctar es filtrado por un órgano llamado proventrículo, propio de las aves, los invertebrados y los insectos, limpiándolo del polen. Al llegar a la colmena, las abejas, que ya pesan un 50% más debido a la recolección, regurgitan el contenido del buche a otras abejas, que lo concentrarán en miel gracias a una reducción de agua en torno al 19%. Finalmente, la miel es sellada en una celdilla cubriéndola con un opérculo [tapadera de cera]. Al cabo del día las abejas obreras pueden llegar a realizar 14 viajes de este tipo, siendo su radio de acción no superior a los dos kilómetros desde la colmena.

 

EL POLEN

            Las mieles pueden dividirse en dos clases, multiflorales o milflores, y monoflorales, dependiendo del número de granos de polen que surjan del análisis polínico. Se suelen considerar monoflorales aquellas mieles que alcancen un mínimo del 45% de polen, si bien existen algunas especies de plantas que varían este porcentaje [en el castaño se debe situar entre el 95 y el 99 por ciento; en la falsa acacia no hace falta más que un porcentaje entre el 10 y el 25]. En cuanto a otras tipologías, hay dos tipos de mieles: la caracterizada por un color ámbar [propias de  la zona oriental y la costera], y las de color oscuro [del occidente y zonas de montaña] por su alto contenido en sales minerales [en torno al ocho veces más], principalmente del cobre y del manganeso.
            Las abejas regresan a la colmena con el polen pegado a sus patas, con el que alimentan a las crías y a las otras obreras. Los apicultores colocan unas trampas cazapolen en las piqueras [entrada a la colmena] y entre las alzas. Estas trompan no son más que una rejilla agujereada, por donde las abejas han de pasar y, al rozar las patas con las paredes del agujero, se desprenden del polen, que cae a un depósito inferior. Como este polen recolectado está muy húmedo y puede fermentar, hay que desecarlo con aire caliente o congelarlo para su uso, el cual suele ser el de la alimentación debido a su alto valor nutritivo [contiene más proteína que la ternera, menos grasa que las carnes y en calcio sólo es superado por el repollo; además, sólo el tomate tiene más carotenos (precursores de la vitamina A)]. Según el tipo de polen, sus propiedades varían ligeramente: el de castaño mejora la circulación venosa y arterial, y descongestiona el hígado y la próstata; el de diente de león es diurético, depurativo y laxante.
 

LA CERA

            Cuando el apicultor quita los opérculos de las celdillas, aprovecha para cosechar un elemento pegado a ellos: la cera. Con este método se puede extraer algo más de un kilo de cera pura por cada cien de miel. A veces, sobre todo con las panales viejos, se pueden derretir éstos [con un cerificador solar o una caldera a presión] para conseguir la cera, pero ésta sale mezclada con propóleos y polen: los paneles se meten en una red metálica y todo ello se cubre con agua hirviendo de modo que la cera flota y las impurezas quedan en la red.

            La cera es producida por unas glándulas ceríferas, exclusivas de las abejas jóvenes y situadas en la parte ventral del abdomen. Al ser poco densa, la cera flota en el agua, por cuyo motivo es necesario disolverla con aguarrás u otro disolvente orgánico para obtener un barniz, que protege la madera de la humedad.
            La cera es reutilizada por el apicultor con cierta asiduidad para suministrar nuevos panales a las abejas. Otros usos pasados fue su utilización como velas; griegos y romanos, por su parte, escribían ene tablilla enlucidas con cera.

EL PROPÓLEOS

            En los días calurosos, cuando se sobrepasan los 20º C, las pecoreadoras viejas pueden recolectar, desprendiéndola con las mandíbulas, una sustancia pegajosa que se halla en las yemas y en las ramas jóvenes de ciertos árboles [principalmente, álamos, sauces, pinos y eucaliptos]. Esta sustancia es conocida como propóleos. Una vez en la colmena, las abejas tapan los pequeños agujeros de la colmena o reducen las aberturas o pegan los panales a la colmena… siempre que la rendija no sobrepase los 6 mm.
            El propóleos es de color marrón o verde oscuro y posee un olor resinoso muy característico. Si se le aplica calor se reblandece, si se le aplica frío se vuelve quebradizo. Es curioso el origen de su nombre: proviene del griego pro + poleos [delante de la ciudad], pues las abejas lo usan para estrechar las piqueras de modo que se puedan proteger del pillaje.
            Para conseguir el propóleos, el apicultor raspaba algunas partes de la colmena. Un método más actual emplea mallas plásticas colocadas encima de la última alza hasta tapar las ranuras con propóleos, momento en que se meten en un congelador o una nevera para que cristaliza la sustancia y que, de esa forma, mediante sacudidas o torceduras se desprenda en pequeños cristales.
            Un empleo que se le da al propóleos es el medicinal por su actividad bactericida, antiinflamatorio y antifúngico; además, si se mezcla con alcohol u otro ungüento, acelera la cicatrización de heridas y quemaduras, combate las verrugas y cura algunas afecciones de la piel. De entre todos estos usos, uno muy recurrido es en el caso de inflamaciones de la garganta. Sin embargo, al apicultor no le suele hacer mucha gracia su manejo, pues el propóleos mancha los guantes, las manos y la ropa, y su eliminación es dificultosa; para colmo, podría provocar alergias en las manos.
 
LA COLMENA
            Los primeros colmenares, también llamados apiarios, surgieron en la prehistoria, cuando las personas decidieron llevarse consigo los troncos en donde las abejas anidaban. Los egipcios comenzaron a emplear recipientes de barro para introducir los enjambres, y el humo para calmarlas. En el norte de Europa se usó desde la paja de los cereales hasta los tallos de las zarzamoras. En Asturias era costumbre aprovechar los troncos huecos de los árboles, también tablas e, incluso, corcho.

            En Asturias las colmenas más sencillas [fijistas] constan de una cavidad con dos fustes [pares de palos cruzados], que las abejas aprovechan para construir sus panales colgándolos del techo. El armazón exterior o tronco de árbol se denomina truébano o trobo, el cual lleva una tapa superior llamada témpanu o caldulla; ahora bien, si la colmena está hecha con tabla, generalmente en forma cuadrada, se la nombra como casiellu o cubetu. Otro tipo de colmenas son más complejas [movilistas], cuya invención se sitúa en el siglo XIX, según las cuales los panales los terminan las propias abejas dentro de los cuadros [bastidores de madera de pino], lo cual permite sacar estos cuadros con su producto sin dañarlos y, al mismo tiempo, se reintroducen para ser aprovechados nuevamente. La caja inferior donde van colocados los cuadros se denomina cuerpo, y el resto de cajas se llaman alzas.
LA RECOLECCIÓN
            Cuando el apicultor se encamina a realizar la cosecha correspondiente en una colmena, se enfunda en un traje hermético con guantes y careta de malla o velo, de manera que evita las picaduras. A continuación se sirve del humo para asustar a las abejas, de modo que éstas se atiborran de miel por si hay que emprender la huida, lo cual las hace menos agresivas. A partir de ese momento el apicultor ya puede recolectar el producto. Par ello, retira los panales y los lleva al obrador [un almacén], donde corta la capa de cera de los opérculos, que cierran las celdillas; a continuación, introduce los panales en una centrifugadora, con cuyo movimiento hace que la miel se desprenda y decante de forma líquida en un recipiente, del cual pasará a los tarros que se han de comercializar. Con el tiempo la miel se cristaliza por un proceso natural, si bien no pierde ninguna propiedad. Normalmente se dejan los panales del cajón inferior para que su miel sirva de sustento a las abejas durante el invierno.
            Las colmenas se han de limpiar en primavera: cambiar la base por otra limpia y reemplazar dos panales viejos por otros dos nuevos. Otras tareas del apicultor son más complejas, como la reproducción artificial, la recogida de enjambres, la cría de reinas, etc.

 
 

sábado, 31 de mayo de 2014

El libre albedrío


Cuando el hombre tomó conciencia de su propia existencia, también la tomó de su muerte. Tener por cierto y seguro que un día la vida se agotará y no quedará nada, condujo al hombre a la desesperanza, sintiendo desabrida la vida y temiendo el final. Así pues, ideó un mundo en el que podía seguir disfrutando de su propio cuerpo, de sus pensamientos, de sus sentimientos; y ese mundo lo situó no en un lugar, sino en un tiempo: más allá de la muerte. De este modo, el hombre creó un universo en el que podía seguir viviendo sin temor a que su existencia llegara a su fin. Pero, aprovechando ese nuevo mundo, surgió un estamento nuevo también, el que otorgaba a ciertas personas un rango superior a las demás, colocándose como puente entre el mundo material y el espiritual, de modo que no tardó en aparecer la creencia religiosa, en donde ya no sólo existía un mundo por encima del vital, sino unos seres con conciencia: los dioses. A estos intermediarios entre dioses y hombres siguió la aparición de aquéllos que pretendían no ya servir de enlace entre la divinidad y la humanidad, sino de intérprete de la voluntad de los dioses, dando una explicación humana a los actos divinos: los teólogos. Hasta ese momento existía una gran contradicción creada por los líderes religiosos: todo sucede por voluntad divina; si esto es así, ¿cómo se puede culpar a alguien por obrar de una u otra forma, pues, al fin y al cabo, son los designios del dios los que se manifiestan a través de los actos? ¿Acaso Judas no entregó a Jesús porque así figuraba en las Escrituras? ¿Tenía Judas potestad para no cumplir con la voluntad divina? Sin Judas Jesús no habría sido sacrificado para el perdón de los pecados; luego, tan importante es Judas como Jesús, por el cual motivo no se puede condenar a Judas y ensalzar a Jesús, pues ambos cumplieron con su cometido, que, en última instancia, era mandato divino. Para parchear ésta y otras contradicciones, los teólogos crearon el concepto del libre albedrío, según el cual los humanos tienen capacidad de decisión independiente de la voz del dios correspondiente, de tal forma que los actos del hombre ya no son consecuencia de la voluntad divina, sino del entendimiento del propio mortal. Aun así, los teólogos no acabaron de pulir las escabrosidades entre el libre albedrío y los designios divinos: ¿dónde termina el mandato del dios y dónde empieza la libertad del hombre?

Si nos apartamos del mundo religioso, se puede decir que la libertad del hombre empieza justo donde terminan las circunstancias que lo rodean; es decir, si tenemos en cuenta que el hombre nace, crece y muere rodeado de sus propias circunstancias, se podría afirmar que su libertad es tan ficticia como lo es el libre albedrío de los teólogos. El hombre se conduce a impulsos de los estímulos exteriores, muchos de los cuales se han implantado en su interior y es gobernado por ellos. Ahora podemos afirmar que el hombre es la consecuencia de lo que le rodea y, al mismo tiempo, es parte de la causa de lo que ha de ser. Unos llaman a esas circunstancias voluntad divina y otros las llaman influencia conductual o términos similares. En fin, que el comportamiento, incluso el pensamiento de un ser humano es la reacción lógica del aprendizaje del subconsciente, tal como lo demuestran los múltiples experimentos que se realizan casi a diario desde todos los puntos de vista, desde el concienzudo estudio psicológico y filosófico, al mero entretenimiento televisivo. Si se analizan estos hechos de manera globalizada, sin centrarse en un único individuo, hallaremos algo sorprendente: es más fácil manejar un grupo social que una sola persona, y esto ocurre diariamente, casi a cada hora, casi en cada determinación que tomamos, pues la mayoría de nuestras decisiones están basadas en el colectivo: vestimos de forma similar, aunque en muchos casos ni siquiera nos hagan falta las ropas; creemos que matar está mal, no porque lo digan las leyes, sino porque lo dice la sociedad; cuando elegimos una pareja, lo hacemos por impulsos químicos y a tenor de ciertos rasgos distintivos; en todo momento nos comportamos como se espera de nosotros, a pesar de que en ocasiones estemos en contra de lo que nosotros mismos hacemos. En resumen, llámese o no libre albedrío, el hombre carece de él y su conducta viene guiada por los dictámenes de una divinidad o de una sociedad, llámese Dios o llámese Marketing o llámese Educación o llámese como se quiera.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Fotografía

Los parámetros sobre los que se basa una buena fotografía dependen en un principio de tres apartados: la apertura del diafragma, la velocidad de la obturación y la sensibilidad de la película. También se podría mencionar un cuarto apartado: la compensación de exposición. A la hora de juzgar una fotografía hay que examinar algunos aspectos: el campo de profundidad, la exposición, el contraste, el grano o ruido…
 Si utilizamos un teleobjetivo de 400 mm de distancia focal, con una abertura efectiva de 100 mm de diámetro, y por otro lado un teleobjetivo de 200 mm con una abertura de 50 mm, encontraremos que ambos ofrecen la misma luminosidad, que será 1/4 de la distancia focal, esto se abrevia representándose f/4. Por tanto la luminosidad de un objetivo o número F, es el cociente entre su distancia focal y el diámetro de su abertura.
La exposición es una de las fases fundamentales del proceso fotográfico . Los dos parámetros que controlan el valor de exposición en fotografía son el tiempo de exposición a la luz y su intensidad. En una cámara, el mecanismo que controla el tiempo de exposición es el obturador y el que regula la intensidad de la luz se denomina diafragma, que actúa estrechando el cono de luz que penetra por el objetivo. La luz se va reduciendo en pasos de ½; para ello, el diámetro sigue una progresión de razón de raíz de 2, es decir 1,4: f/1 - f/1,4 - f/2 - f/2,8 - f/4 - f/5,6 - f/8 - f/11 - f/16 - f/22 - f/32 ....
El diafragma controla, además de la iluminación, la profundidad de campo de la escena. Los factores que influyen en la mayor o menor profundidad de campo son tres: la distancia desde el objetivo al punto enfoque, la longitud focal del objetivo y el diafragma utilizado. Por tanto obtendremos una mayor profundidad utilizando objetivos de corta distancia focal (grandes angulares), enfocando objetos alejados de la cámara y cerrando lo más posible el diafragma. Por el contrario, si con un teleobjetivo con el diafragma totalmente abierto, enfocamos un objeto muy próximo, obtendremos una reducidísima profundidad de campo (cuando intentamos hacer un retrato en exteriores, o cuando pretendemos fotografiar un insecto posado en una planta sólo saldrá enfocado el objeto en cuestión). En general se puede decir que para lograr un menor campo de profundidad habría que aplicar lo siguiente:

ü  Diafragma pequeño (f).
ü  Distancia focal larga (mm).
ü  Distancia física cercana.
ü  Velocidad de obturación alta (1/).
Dado que en la práctica muchas veces resulta imposible acercarse al sujeto, o cambiar la distancia focal del objetivo, el control de la profundidad de campo se realiza fundamentalmente con el diafragma. Esta técnica, utilizada para resaltar un sujeto del resto aislandolo de su fondo, se denomina enfoque selectivo o diferencial. La mayor calidad de imagen se obtiene normalmente en los diafragmas intermedios, por lo general cerrando dos o tres diafragmas desde la máxima apertura. Las pequeñas cámaras compactas sin mecanismo de enfoque son capaces de fotografiar nítidamente un objeto situado entre 1,5 m. y el infinito, pues suelen llevar un objetivo de corta longitud focal (gran angular), con el diafragma muy cerrado (f/11 o f/16) y enfocado exactamente a la distancia hiperfocal (infinitivo).
Una de las velocidades de obturación (entre 1/60 y 1/250) suele figurar acompañada de la letra X, esto indica que esa velocidad es la máxima velocidad de sincronización con el flash, a partir de ahí si lo utilizamos, sólo aparecerá en la foto una banda de la escena. El resto de la escala de velocidades está formado por una serie de tiempos que se suceden duplicándose, con algunas aproximaciones, y es la siguiente: 1", 1/2, 1/4, 1/8, 1/15, 1/30, 1/60, 1/125, 1/250, 1/500, 1/1000.. La relación entre abertura y velocidad viene a ser equivalente: Si lo que queremos es congelar el movimiento, la velocidad ha de ser inversamente proporcional al valor de la apertura de diafragma utilizado: a mayor velocidad, mayor abertura y menor profundidad de campo.
Como medida de luminosidad se utiliza la escala EV (Exposure Value) cuyos valores indican una serie de combinaciones de velocidad-diafragma cuya luminosidad es equivalente. Un EV = 0 equivale a una exposición de 1" a f/1.0, este nivel luminoso se consigue lógicamente también con 2" a f/1.4, con 4" a f/2 y con todas las demás combinaciones equivalentes. De igual forma, un EV=1 equivale a 1" a f/1.4, 1/2" a f/1.0, y todas las exposiciones similares. También existen valores EV negativos (EV=-2, equivaldría a 8" a f/1.5). Cada cifra que aumentamos en la escala EV, conlleva una mayor luminosidad y por tanto habrá que cerrar un punto el diafragma o disminuir un paso en la escala de velocidad.



CASO PRÁCTICO

Estoy al sol y quiero hacer una foto de mi paisaje, y tras medir la velocidad y el diafragma, me sale que tengo que hacerla con velocidad 1/125 y diafragma f/11. Quiero que en ese paisaje se vea el movimiento de un caballo que va corriendo de un lado a otro. En este caso debería bajar la velocidad para conseguir captar la estela, por tanto bajaría la velocidad a 1/15s por ejemplo, ya que así captaría al caballo en movimiento, y el paisaje permanecería quieto. Si sólo modificara la velocidad, la foto me saldría blanca, ya que me salía bien a 1/125, por tanto, dejando la cortinilla de la cámara captando luz mucho más tiempo, haría que se captase mucha más luz de la necesaria. Como yo quiero esa velocidad para conseguir ese efecto de movimiento, me tocará jugar con el diafragma. Como quiero que entre menos luz para que no se me aclare mucho la escena, debería cerrar el diafragma (subir el número f). Los números f y las velocidades van ligadas, de forma que si bajo varios pasos de velocidad, tendré que subir los mismos pasos de número f para que la imagen siga estando iluminada correctamente. He pasado de 1/125s a 1/15s, que son tres pasos, por lo tanto tendré que subir el diafragma tres pasos desde f/11 a f/32.

Otro caso con parámetros para congelar el movimiento en un ambiente con mucha luz pudiera ser un ISO 200 y una velocidad entre 1/1000 y 1/1500. Para llevar a cabo un barrido con poca luz exterior podríamos usar un ISO entre 300 y 400 junto a una abertura f/15 y una velocidad entre 1/50 y 1/120. Hay que tener en cuenta que el ISO alto empleado cuando las condiciones de luz son precarias, conlleva una menor definición y contraste, así como un mayor ruido, todo lo contrario a cuando se emplea un ISO bajo en ambientes de mucha luz.


En líneas generales se pueden seguir tres pasos para conseguir una fotografía aceptable en cualquier ocasión:
§  Abertura (diafragma) f/3,5 a f/5,6 (necesita mucha luz) con ISO (sensibilidad) alto y velocidad (obturación) lenta.
§  Abertura (diafragma) f/5,6 a f/22 (necesita poca luz) con ISO (sensibilidad)  bajo y velocidad (obturación) rápida.
§  En interiores el mejor diafragma sería f/2, y en exteriores con mucha claridad f/32.


LUZ Y COLOR
La luz exterior del mediodía (5500 Kelvin) sirve para fotografiar los colores tales y como son; en cambio, al amanecer y al atardecer (3200 Kelvin) el color tiende al amarillo. La luz interior resulta verde si la lámpara es un fluorescente y amarilla si es de tungsteno (2800 Kelvin). Para corregir este defecto se usan filtros: para reparar un color, se debe usar un filtro con su color complementario. Así, para quitar un tinte amarillo hay que usar un filtro azul. El tinte naranja da calidez. En las cámaras digitales se usa el “balance de blancos” para corregir los tintes. La luz del mediodía es mala para retratos por causa de las sombras en la cara y que destacan los defectos de la piel.

Complementarios:
*      Rojo-Cian
*      Verde-Magenta (Violeta)
*      Azul-Amarillo
Formación de complementarios:
*      Verde = Amarillo + Azul
*      Azul = Azul + Púrpura
*      Rojo anaranjado = Rojo + Amarillo
*      Ocre = Magenta + Amarillo
Colores de luz:
*      Rojo + Azul = Magenta
*      Rojo + Verde = Amarillo
*      Azul + Verde = Cian
*      Cian + Amarillo = Verde

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