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jueves, 9 de marzo de 2017

EL CAMBIO DE HORARIO

 Cada año, dos veces vemos que nuestros relojes adelantan o atrasan una hora. Al menos, esto sucede en un día festivo, lo que no trastoca mucho nuestros hábitos. Sin embargo, pasado ese día, el nuevo horario puede afectar a nuestro ritmo diario, tal vez durante unos días. Es una forma de lucha entre el reloj y el biorritmo. Así también, dos veces al año, coincidiendo con este cambio, la gente comenta lo inútil o provechoso que resulta esta mudanza que sucede en las manecillas del reloj, ahora más bien en los números digitales. Pero, ¿siempre ha sido así? Seguramente no. ¿Desde cuándo venimos esclavizándonos con este forma de tortura? Echemos un vistazo a la historia.
Durante la Primera Guerra Mundial, Alemania, al igual que los demás países que intervenían en ella, pasaban serios apuros en su economía interior debido a los gastos ocasionados por la contienda bélica, así que intentaban idear algún modo de aprovechar el tiempo para producir mayor cantidad de energía, que en aquellos tiempos provenía principalmente de las minas de carbón. En 1916 alguien se acordó de un panfleto que había sido escrito unos años antes un inglés, ya fenecido, en el que se mencionaba el desperdicio de parte del día durante los meses de primavera y verano. Visitemos al autor de este panfleto antes de proseguir con los alemanes.
William Willet había sido un magnate de la construcción a principios del siglo XX. Vivía a unos 15 kilómetros al sur de Greenwich, en un lugar llamado Chislehurst. Pues bien, este adinerado constructor era muy aficionado a los caballos; solía dar grandes paseos, sobre todo al alba, subido a lomos de uno de ellos, internándose por el bosque cercano a donde vivía. Por supuesto, en sus cabalgatas debía pasar por delante de las casas de la población. Muchas veces, en los días de verano, cuando los rayos del sol ya calientan a primeras horas del día, observaba las persianas cerradas y pensaba en la gente que estaría durmiendo plácidamente en sus lechos, ajenas a la vida que ya había despertado al aire libre. ¡Qué desperdicio de tiempo! debió de pensar. Así que se le ocurrió escribir un panfleto con esa idea suya: si se arrancara ese tiempo matinal del alba y se colocara al final de la tarde, la gente no sólo podría disfrutar de más horas de luz, sino que también se podría alargar la jornada de trabajo (beneficio para las empresas como la suya). Aquel panfleto se conoció con el pomposo título de “The Wasted Daylight” (la luz diurna desperdiciada). Regresemos ahora a los alemanes y sus problemas de energía.
Dado que no veían la forma de aumentar la producción de carbón, se les ocurrió que podrían consumir menos carbón, aprovechando esas horas matinales que la primavera y el verano proporcionaban, siguiendo la línea razonada de William Willet. Así que comenzaron a torpedear a la población civil, sobre todo a los empresarios, con la idea de acomodar las horas, o lo relojes, a la jornada diurna, de modo que los empresarios podían ahorrar en sus gastos, los gobernantes podían mantener la guerra, y los ciudadanos.... bueno, podrían disfrutar de más tiempo al levantarse con el alba, aunque fuera para ir al trabajo. De modo que en la zona germana se adoptó el cambio de horario, para lo cual se difundieron montones de tarjetas postales para advertir de ello a la población. Pocas semanas después a los ingleses les pareció una estupenda idea, de manera que se adhirieron a la moda. Antes de terminar la guerra varios países imitaron a estos dos, llegando a Estados Unidos en 1918.
El término de la guerra no puso fin a este idea tan productiva. Los cambios horarios se expandieron por todas partes hasta llegar un momento en que toda Europa, toda América, toda Asia, toda Oceanía y la mayor parte de África (casi todo el mundo) adoptaron este sistema. Con el tiempo y las transformaciones que la industria y la sociedad fueron sufriendo a lo largo del siglo pasado, esta medida horaria fue perdiendo vigencia, puesto que empezó a resultar tan inútil como innecesaria, así que poco a poco los diferentes países fueron abandonando la idea y dejaron de modificar sus relojes. Actualmente, salvo tres o cuatro países, ni Asia, ni África ni Oceanía adelantan o atrasan las manecillas, o los números digitales.

¿Se debería desistir y rendirse al hecho de que ya no tiene sentido esta norma? ¿Todavía tiene su provecho en el ahorro de energía? Sea como fuere, la medida fue adoptaba con dos fines muy nobles que engrandecen a la Humanidad: prolongar una guerra y enriquecer a los poderosos. Ustedes mismos.

jueves, 2 de junio de 2016

Enigmas que resolver

PRIMERO
Nos disponemos a pasar por la plancha tres rebanadas de pan de molde. Resulta, sin embargo, que sólo disponemos de un minuto y medio para ello, y en la plancha sólo caben dos rebanadas. Teniendo en cuenta que el tiempo mínimo para que un lado de la rebanada quede bien tostado es de treinta segundos, ¿cómo lo haremos?

SEGUNDO
Cinco caníbales quieren cruzar al otro lado de un río, en donde hay cinco misioneros que también quieren cruzar al otro lado. Para ello disponen de una barca que sólo puede llevar a tres personas. Como ninguno de los caníbales se fía de los misioneros y ninguno de los misioneros se fía de los caníbales, no quieren estar en desventaja numérica en ningún momento (ni en la barca ni en la orilla). ¿Cómo se arreglan para cruzar la corriente?

TERCERO
Supongamos que tenemos tres copas vacías seguidas de otras tres copas llenas de vino. ¿Cómo haremos para tener las copas llenas y vacías alternativamente moviendo sólo una de ellas?

CUARTO
En un calabozo hay dos puertas: detrás de una se halla un patíbulo, detrás de la otra sólo hay campo. A un prisionero se le da la ocasión de quedar libre; para ello tiene que salir por la puerta correcta. Teniendo en cuenta que en cada puerta hay un guardia, y sabiendo que uno de ellos siempre dice la verdad y el otro siempre una mentira, al reo se le da la oportunidad de hacer una única pregunta a cualquiera de los dos guardias para averiguar por qué puerta salir. ¿Cuál es esa pregunta?

QUINTO
En una estantería están los dos tomos de un Diccionario colocados alfabéticamente de izquierda a derecha. Resulta que un gusano entró en el primero de ellos y perforó desde la primera hoja del primer tomo hasta la última del segundo. Teniendo en cuenta que cada tomo tiene mil hojas, ¿cuántas hojas perforó el gusano?

SEXTO
En un pueblo se celebran dos días de fiesta separados por el mismo número de meses. El día festivo siempre es un día 31. Dado que estamos en noviembre, ¿cuál será la fecha del próximo día festivo?

SÉPTIMO
En un baile todos los chicos y todas las chicas formaron 42 parejas para bailar, y todos los chicos bailaron una vez con todas las chicas. Como en cada baile una chica quedaba sin pareja, ¿cuántos chicos y chicas había en el baile?


RESPUESTAS
Primerose tuestan una cara de las dos primeras rebanadas; se tuesta la otra cara de una rebanada y se pone una tercera; se da la vuelta a la tercera y se pone la cara que quedaba de la segunda
Segundoruzan dos caníbales y vuelven tres misioneros; regresan un caníbal y un misionero y vuelven tres misioneros; cruzan los dos caníbales que faltan
Tercerolevantamos la copa llena que está en medio de las otras dos llenas y la vaciamos en la copa vacía que está en medio de las otras dos vacías
Cuartosegún tú, ¿cuál es la puerta que me indicaría tu compañero como la que conduce a la libertad?. Obviamente, habría que salir por la puerta contraria a la de la respuesta
QuintoEn una estantería están los dos tomos de un Diccionario colocados alfabéticamente de izquierda a derecha. Resulta que un gusano entró en el primero de ellos y perforó desde la primera hoja del primer tomo hasta la última del segundo. Teniendo en cuenta que cada tomo tiene mil hojas, ¿cuántas hojas perforó el gusano
SextoEn un pueblo se celebran dos días de fiesta separados por el mismo número de meses. El día festivo siempre es un día 31. Dado que estamos en noviembre, ¿cuál será la fecha del próximo día festivo
Séptimo:En un baile todos los chicos y todas las chicas formaron 42 parejas para bailar, y todos los chicos bailaron una vez con todas las chicas. Como en cada baile una chica quedaba sin pareja, ¿cuántos chicos y chicas había en el baile?

miércoles, 1 de junio de 2016

Proporciones planetarias y estelares

Cuando levantamos la vista al cielo y vemos las nubes o las estrellas o nuestro satélite la Luna o nuestro astro-rey el Sol, nos sentimos parte de la grandeza que nos da este planeta al que llamamos Tierra. Aunque los medios de transporte actuales nos acercan en tiempo, achicando el espacio entre distintos países y continentes, aún tenemos esa sensación de que el globo terráqueo es grande, no inmenso como se solía pensar en tiempos pretéritos, pero sí grande y espacioso. En realidad, si comparamos a la Tierra con sus planetas vecinos, los planetas interiores del sistema solar, todos ellos tan rocosos como el nuestro, salimos ganando. No hay más que echar un vistazo para ver los tamaños proporcionales.
Claro que si nos alejamos un poco y nos vamos en dirección al exterior, donde nos topamos con los gigantes gaseosos, ya nuestra Tierra, que es nuestro hogar, se queda un tanto chica, abrumada por los enormes diámetros de los planetas:
¿Pero, qué pasa cuando osamos equipararnos a nuestro Sol, a esa estrella que nos da luz y calor? Apenas nos distinguimos, somos una mancha, como un mosquito aplastado en la luna delantera del coche o en la pared de una habitación. Pensemos que nosotros vivimos en esa mancha y aun hay espacio suficiente para que vivan unos cuantos millones de nosotros más.
Sin duda, pensarían algunos, esta estrella nos hace sentir ridículos, aunque, claro, estaríamos hablando de uno de los mayores astros del universo. ¡Qué equivocados estarían éstos que así pensaran! Nuestra estrella, nuestro Sol, ni siquiera llega a la altura de la media; es tan chiquito, que los estrellas de un tamaño moderado nos hacen sonrojar. En la comparación, el Sol casi se desvanece.
En fin, visto así, puesto al lado de la estrella Arturo, el Sol, aquella estrella en que la Tierra era un mosquito aplastado, ahora resulta que le toca a él convertirse en mosquito, en una manchita de nada que en un vestido apenas nadie se daría cuenta de su existencia. Aun así, habría quienes dijeran que, bueno está, pero no deberíamos comparar el Sol con la gigante Arturo, que seguramente sería la mayor estrella conocida. ¡De nuevo mal! Arturo es insignificante ante la inmensidad de las estrellas supergigantes; ahora el Sol ni existe para ellas, no es nada. Siendo así, ¿qué pasa con la Tierra? ¿y con nosotros? Y nos creíamos los amos del universo. Para Antares no somos si quiera ni una molécula, ni un átomo; somos menos que nada. Y os aseguro que Antares no es la mayor estrella conocida, pero casi da vergüenza seguir las comparaciones.
Ni somos el ombligo del mundo ni al mundo le importamos un bledo. Pongámonos en nuestro sitio y pensemos en lo que somos y vivamos de acuerdo con ello.

Tierra – Venus – Marte – Mercurio – Luna

Júpiter – Saturno – Urano – Neptuno – Tierra – Venus – Marte – Mercurio – Luna

Sol - Júpiter – Saturno – Urano – Neptuno – Tierra – Venus – Marte – Mercurio

Sol – Sirio – Pólux – Arturo

Pólux – Arturo – Rigel – Aldebarán – Betelgeuse - Antares


Y ahora reflexionemos: ¿dónde está nuestra querida Tierra? ¿en dónde hemos dejado nuestro amado Sol? Comparados con Antares, ¿qué somos nosotros, la especie humana?

ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES

Las lágrimas vertidas por motivos de moción tienen distinta formación química que las causadas por viento, frío y polvo.

En los relojes tradicionales con manecillas y números desde el uno al doce, si se sumen éstos horizontalmente dan siempre un total de 12.

Washington D.C. no ha sido siempre la capital de Estados Unidos; por asombrosos que pueda parecer, es la novena ciudad que ha sido capital.

Corría el año 1869. El presidente estadounidense Abraham Lincoln se hallaba en un teatro donde se interpretaba el himno confederado “Dixie”. Lincoln se entusiasmó tanto con la música que gritó pidiendo que lo repitieran.

En 1811 el retrato de Mona Lisa fue robado del museo Louvre de Paris. Lo curioso es que su espacio vacía fue contemplado durante dos años por más gente que el retrato en los doce años anteriores.

Auguste Rodin es el autor de varias esculturas populares e importantes. Pues bien, este artista y escultor suspendió tres veces los exámenes de escultura en la prestigiosa escuela de Bellas Artes de París.

Un molino en Nantucket, Massachusetts, EEUU, fue hecho en 1746 totalmente con maderas halladas en la costa, que eran parte de barcos naufragados en el transcurso de los años.

Durante la década de 1930 los perros que trabajaban como extras en películas recibían 7.50 dólares diarios, igual que las personas.

El edificio donde el presidente estadounidense tiene su residencia oficial fue terminada en 1812, pero no fue hasta dos años más tarde que la apodaron Casa Blanca, debido a que fue pintada de ese color para ocultar las manchas de humo producidas por el incendio provocado por los ingleses en ese año.

El primer desnudo femenino de la historia del cine apareció en la pantalla en 1916. La actriz se llamaba Annette Kellerman, y la película, La hija de los dioses. Annette, que además de actriz era una gran nadadora, tuvo que lanzarse desde una altura de casi tres metros sobre una catarata de la isla de Jamaica.


Cuando los astronautas Gerald Carr, Edward Gibson y William Pogue regresaron de su viaje de ochenta y cuatro días a bordo del Skylab, medían cada uno cinco centímetros más de estatura. La explicación es que, al no estar sometidos a la gravedad, sus vértebras se pudieron expandir hasta los límites que marcaban sus cuerpos.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Tres acertijos sencillos

PRIMER ACERTIJO:
Tenemos sobre la mesa dos grupos de fichas repartidas en dos montones, todas ellas dispuestas en fila. Unas son rojas y otras son azules. Combinándolas por parejas (una roja y una azul), resulta que pueden formar parejas hasta un total de 42. Ahora bien, siempre que se emparejan queda una ficha azul sin pareja. ¿Cuántas fichas hay de cada color?

SEGUNDO ACERTIJO:
Supongamos que tenemos sobre la mesa 32 jarras llenas de agua, un vaso y un hornillo. En una de las jarras hay mezclado con el agua cierta cantidad de arsénico. Debemos averiguar en cuál jarra está la mezcla. Como ayuda sabemos que al calentar el arsénico éste desprende un fuerte olor a ajo. Para hallar la solución se da una condición: sólo se puede usar el vaso en cinco ocasiones.

TERCERO ACERTIJO:
En una cesta de mimbre hay un cierto número de bolitas, de las cuales una quinta parte están pintadas de amarillo, una tercera parte están pintadas de verde y las siete restantes están pintadas de marrón. ¿Cuántas bolitas hay en la cesta?

SOLUCIONES:
1º. Seis rojas y siete azules.
2º. 1- Se vierte en el vaso un poco del contenido de 16 jarras y se apartan las otras. Se calienta el agua y, si huele a ajo, se descartan las jarras apartadas; en caso contrario, se descartan las jarras probadas. 2- De las 16 jarras que tenemos ahora, echamos el contenido de 8 de ellas en el vaso y se apartan las otras jarras. Procedemos como anteriormente. 3- De las 8 jarras resultantes volvemos a verter el contenido de 4 de ellas y apartamos las otras. De nuevo, calentamos y olemos. 4- Ahora vertemos el contenido de 2 de las cuatro jarras que nos quedan y apartamos las otras. Una vez más, calentamos y olemos. 5- Sólo quedan dos jarras, así que calentamos el contenido de 1 de ellas: si huele a ajo, ésa es; si no huele a ajo, es la otra.

3º. Quince.

sábado, 28 de marzo de 2015

EL CALENDARIO

Es de común conocimiento que el calendario por el que nos regimos en la actualidad tiene su origen más inmediato en los tiempos de la Antigua Roma; eso sí, desde entonces ha sufrido alguna modificación para adecuarlo a la forma más correcta posible. También es de común conocimiento que los nombres y expresiones usados en nuestro calendario provienen de los mismos nombres y expresiones empleados por los antiguos romanos. Lo que aquí se pretende, pues, es sólo rememorar todo esto. Empecemos, por tanto, con ello.

Nuestro año, compuesto por 365 días (excepción hecha del “año bisiesto”), lo dividimos en doce partes de más o menos igual duración, a cuya división llamamos “mes”, otorgando a cada uno de los doce meses un nombre concreto, desde “enero” hasta “diciembre”. Esto lo sabemos desde pequeños, pero lo que tal vez no supiéramos es que esta división del año en doce partes no fue siempre así. Si nos fijamos en el nombre de los últimos cuatro meses, notaremos que algo no encaja: “sept-i-e-mbre”, “octu-bre”, “novi-e-mbre”, “dici-e-mbre” (siete-bre, ocho-bre. nueve-bre. diez-bre); pero los números no cuadran con el número de mes, porque septiembre es el noveno mes y no el séptimo, octubre es el décimo mes y no el octavo, etc. El motivo de tal peculiaridad es que en un principio, unos 700 años antes de comenzar nuestra era, el año estaba dividido en diez partes o meses, de donde “dici-e-mbre” era el décimo mes, pues que era el último del año (de modo que el año constaba tan sólo de 304 días). Así pues, el año comenzaba en Marzo y terminaba en Diciembre. ¿Y por qué no se empezó a contar el año precisamente en Marzo y no en Abril o Mayo...? Todo se debe al afán belicoso de aquellos pueblos. Entonces, las guerras se tomaban un respiro en época invernal: los ejércitos se retiraban o bien a sus ciudades o a sus campamentos estables y allí permanecían hasta que el llegaba el buen tiempo, con la primavera. Entonces, los ejércitos se volvían a poner en marcha y se reiniciaban las hostilidades. Dado que para los romanos existía la guerra tenía como símbolo al dios que ellos llamaban Marte, le dedicaron este primer mes de la guerra, sin duda con el loable fin de que el dios le fuera propicio y les ayudara a derrotar al enemigo. Y así, llamaron a este mes “Martium”, de donde proviene nuestro Marzo.

En cuanto a Abril, se tienen dudas sobre el origen del nombre, aunque la mayoría se inclina por relacionarlo con la palabra latina “aperire”, que significa “abrir”, recordando que es el mes en que florecen las plantas y la naturaleza se abre a la primavera. Algo parecido ocurre con Mayo, sobre cuyo origen, el del nombre y no el del mes, parece que no hay consenso, si bien todo hace suponer que se relaciona con un ser sobrenatural de nombre Maia, aunque existían una diosa y una ninfa con ese nombre, de donde surgen dudas sobre a cuál de ellas honrarían los romanos; de todas formas, en este mes los ciudadanos celebraban la fiesta que conocían como Maius, un festival dedicado a la diosa, por lo que parece que ésta es la candidata al premio. Esta Maia era la diosa que, según se creía, auspiciaba la fertilidad, nada más apropiado para un mes en que la vida comienza a brotar por todas partes después del letargo invernal.

Llegamos a Junio. Tampoco aquí parece que haya anuencia sobre el origen del nombre. Mientras unos pretenden emparentarlo con la diosa Juno, otros dicen que estaba dedicado a Junio Bruto, a quien se considera el fundador de la República romana. En cualquier caso, después de este mes llegaba el mes Quinctilis, en clara alusión a que era el quinto. Hasta que no llegó el afamado Julio César, a partir de este mes ya no había meses con nombre propio, sino el ordinal (Sextilis, September, etc). En un principio éste era un mes un tanto largo, dado que contenía ni más ni menos que 36 días; pero llegó Rómulo y fundó la ciudad de Roma, durante el cual reinado a este Rómulo le pareció excesivo tanta cantidad de días y los redujo a 31; despues, hace aproximadamente 2700 años bajo el reinado de un tal Numa Pompilio, el número de días se redujo a 30. Y entonces llegamos a Julio César, que mandó reformar el calendario y “ponerlo al día”, devolviendo los 31 días al mes y actualizando los desfases más notorios que el calendario había ido acumulando por no esta adecuado a los años naturales (la traslación de la Tierra alrededor del Sol). En honor a esta encomiable tarea, se honró a Julio César llamando a este mes Julio (se ve que en aquella época no se dedicaban los nombres de las calles a este tipo de homenajes). A Julio César le sucedió en el poder su hijo adoptivo, Octavio, a quien nombraron Augusto. Octavio, por no querer ser menos que su antecesor, puso su nombre al siguiente mes, de donde pasó de ser llamado Sextilis a ser conocido como Agosto.

Por lo demás, el resto de los meses conversaron su nominación hasta nuestros días. Sin embargo, queda por aclarar el origen de los dos meses que en la actualidad figuran como los que comienzan el año. ¿Cuándo los colocaron ahí y a qué se deben sus nombres? Pues bien, fue bajo el mandato de aquel rey que se mencionó antes, Numa Pompilio, cuando se añadieron estos dos meses, de manera que se vino a reparar un tanto la anomalía del calendario con el “año natural”. Hablemos de Febrero. Su nombre se debe a la palabra latina de origen etrusco “februa”. El día 15 del último mes del año, que era este mes del que hablamos, se celebraba una especie de “fiesta de la purificación”, posiblemente prerromana, que era conocida con ese nombre etrusco. La fiesta alcanzó tanta popularidad que los romanos acabaron por nombrar así al mes en que se celebraba el festival, y de ahí se pasó a inventarse un dios homónimo, cuya misión sería la de purificar, sobre todo mediante el agua. El caso es que , si bien estos dos meses cerraban el año cuando se añadieron bajo Numa Pompilio, el tiempo, el uso y las reformas acabaron por trastocar su posición y al primero de ellos lo pusieron bajo la advocación del dios Jano, que era una especie de dios de doble cara, pues que venía a representar el principio y el fin, el espíritu del doble sentido de la puerta: por un lado sales y por el otro entras; así que Ianuarium (de Ianum), servía para cerrar un año y abrir otro, de donde viene nuestro Enero.


Si alguien se pregunta por qué había tanto disparidad entre el calendario romano y el año que tarda el planeta en rodear el Sol, se debe a que este calendario está basado en las fases de la Luna, no en el Sol, por el cual motivo aún en la actualidad tenemos que añadir un día cada cuatro años.

miércoles, 25 de marzo de 2015

REYES Y PRESIDENTES DE ESPAÑA

Fernando II de Aragón “el Católico” (15 de enero de 1475 – 26 noviembre de 1504 [Castilla])
Isabel I de Castilla “la Católica” (13 de diciembre de 1474 – 26 de noviembre de 1504)
Felipe I de Castilla “el Hermoso” (12 de julio de 1506 – 25 de septiembre de 1506)
Juana I de Castilla “la Loca” (26 de noviembre de 1504 – 26 de noviembre de 1555)
[Fernando II de Aragón fue rey en Aragón des el 20 de enero de 1479 hasta su muerte el 23 de enero de 1516, fecha en que Juana I de Castilla fue coronada como reina de Aragón]
Carlos I “el César Carlos” (14 de marzo de 1516 – 16 de enero de 1556)
Felipe II “el Prudente” (16 de enero de 1556 – 13 de septiembre de 1598)
Felipe III “el Piadoso” (13 de septiembre de 1598 – 31 de marzo de 1621)
Felipe IV “el Rey Planeta” (31 de marzo de 1621 – 17 de septiembre de 1665)
Carlos II “el Hechizado” (17 de septiembre de 1665 – 1 de noviembre de 1700)
Felipe V “el Animoso” (16 de noviembre de 1700 – 14 de enero de 1724)
Luis I “el Bien Amado” (14 de enero de 1724 – 31 de agosto de 1724)
Felipe V “el Animoso” (6 de septiembre 1724 – 9 de julio de 1746)
Fernando VI “el Prudente” (9 de julio de 1746 – 10 de agosto de 1759)
Carlos III “el Político” (10 de agosto de 1759 – 14 de diciembre de 1788)
Carlos IV “el Cazador” (14 de diciembre de 1788 – 19 de marzo de 1808)
Fernando VII “el Deseado” (19 de marzo de 1808 – 6 de mayo de 1808)
José I “Pepe Botella” (6 de junio de 1808 - 11 de diciembre de 1813)
Fernando VII “el Deseado” (11 de diciembre de 1813 - 29 de septiembre de 1833)
Isabel II “la de los Tristes Destinos” (29 de septiembre de 1833 – 30 de septiembre de 1868)
Amadeo I “el Rey Caballero” (16 de noviembre de 1870 – 11 de febrero de 1873)
Estanislao Figueras (12 de febrero de 1873 – 11 de junio de 1873)
Francisco Pi y Margall (11 de junio de 1873 – 18 de julio de 1873)
Nicolás Salmerón (18 de julio de 1873 – 7 de septiembre de 1873)
Emilio Castelar (7 de septiembre de 1873 – 3 de enero de 1874)
Francisco Serrano y Domínguez (3 de enero de 1874 – 30 de diciembre de 1874)
Alfonso XII “el Pacificador” (29 de diciembre de 1874 – 26 de noviembre de 1885)
Alfonso XIII “el Africano” (17 de mayo de 1886 – 14 de abril de 1931)
Niceto Alcalá Zamora (30 de julio de 1931 – 14 de octubre de 1931)
Manuel Azaña (14 de octubre de 1931 – 11 de diciembre de 1931)
Niceto Alcalá Zamora (11 de diciembre de 1931 – 7 de abril de 1936)
Diego Martínez Barrio (7 de abril de 1936 – 11 de mayo de 1936)
Manuel Azaña (11 de mayo – 3 de marzo de 1936)
Francisco Franco (1 de octubre de 1936 – 20 de noviembre de 1975)
Juan Carlos I (22 de noviembre de 1975 – 4 de junio de 2014)
Felipe VI (19 de junio de 2014 - )